Zidane se cae de la orla

¿Por dónde empezar? Lo clásico y lógico es hacerlo por el principio, pero no está claro cuál debe ser el comienzo del análisis de Madrid-Barça en el que hubo más datos significativos de los deseados. Principalmente, por el madridismo. ¿Qué fue más importante, que Zidane se equivocara o que Keylor Navas salvara al equipo de una vergüenza mayor? Que el entrenador erró fue palmario. Que lo mejor del equipo fue el guardameta, también es indiscutible. Cuando los mayores méritos de un conjunto hay que atribuirlos al portero es que al resto no merece la pena ni ningunearlo porque está dicho todo.

Zinedine Zidane era adorado y ya está en la picota como corresponde a un técnico que el día más importante vuelve al prestigio del que gozó cuando entrenaba al Castilla. El dulce encanto de sus conferencias de prensa, con esa media sonrisa que disculpaba cualquier tropiezo, se ha acabado. Ya es uno más y de aquí al “vete ya” no queda gran trecho. No obstante gritarle sería inútil porque goza de la total confianza de Florentino.

A Zidane no le gustan los artistas del equipo. Y menos aún los fichajes de cierto relumbrón nacional. Isco y Asensio no son de su agrado y de ahí que para jugar con el Barça, que suele tener como virtud la posesión de la pelota, alineó a Kovacic, más músculo en el centro del campo, para tratar de contrarrestar la buena conducción del balón por parte barcelonista.

Ceballos, Vallejo y Mayoral ni siquiera estuvieron en la lista de convocados. Asensio salió cuando sólo quedaba la cuesta arriba e Isco, el mejor jugador de la campaña, ni siquiera pisó el césped. Alguien debería explicar las razones por las cuales Morata fue traspasado. El graderío ya mostró su veredicto: abucheó a Benzema que también goza de las bendiciones del cuerpo dirigente. Teniendo en cuenta lo poco que gustan los jóvenes a Zidane merece una justificación el fichaje de Rafa Mir, canterano del Valencia, delantero centro como Morata y Mayoral. Otro brindis al sol.

Posdata. Sergio I “El expulsado” se salvó esta vez de la tarjeta roja por condescendencia arbitral. Su mención a Puigdemont no venía al caso. Había más razones de peso para justificar la derrota.