Bale pierde valor de mercado

Los pronósticos de los pesimistas se confirmaron: bastó que jugara media hora para que volviera a lesionarse. Gareth Bale habían vuelto a encontrar las alabanzas de sus más fervientes defensores simplemente con el magnífico pase que permitió marcar un gol a Mayoral. Tras larga ausencia yo mismo había creído que estaba de regreso. De nuevo ha sido apartado del equipo y no estará en San Mamés.

El problema es ahora metafísico. Los médicos dicen que está bien, que ha superado la lesión. El jugador dice que tiene pupa, que le duele. La cuestión ya no está en el equipo médico, sino en la necesidad de contratar un psicólogo especialista en lesiones de esguince mental. A este paso no habrá modo de ponerlo en el mercado. En el Madrid ya no saben qué hacer con él. Que en los años que lleva no haya aprendido español es preocupante, pero empieza a ser incógnita mayor que su cabecita no digiera las circunstancias que suelen afectar a los profesionales del fútbol.  La historia está llena de gestos de futbolistas que han sido capaces de sobreponerse a una dolencia con tal de no perderse la ocasión de ser considerados héroes. Pirri, por ejemplo, jugó una final con una clavícula rota. Creo recordar que Beckembauer, en un Mundial, participó con un brazo medio en cabestrillo.

A Bale no se le pueden exigir esfuerzos físicos porque está atacado por las dolencias mentales. No se entiende que lo que pronostican los médicos como una dolencia superada, no sea razón suficiente para él. Su compatriota Woodgate, que pasó a la historia madridista como jugador de cristal fue hierro en la comparación. Lo peor es que Bale ha costado como cristal de Murano, Bohemia o similar. Los más caros. Y además de que ya no sirve para la mesa tampoco está para ser búcaro de adorno.

El Madrid ya está en campaña de distracción: intentará fichar a Kepa Arrizabalaga. Bastará para difuminar el problema Bale.

Posdata. El Formentera ha cometido delito de lesa Copa al eliminar al Athletic Club. Es la historia de la misma.