Metropolitano, sede idónea para la final

La Copa no es torneo subversivo, pero sí clandestino. Pasa sin pena ni gloria hasta que entra en las fases en que se enfrentan los equipos de Primera División. Se habla de ella cuando el sorteo ofrece el enfrentamiento de los grandes. Antiguamente, la final era fiesta mayor. Las dos aficiones llegaban eufóricas y llenaban establecimientos hoteleros, restaurantes y calles con sus cánticos y sus promesas de triunfo. Habitualmente, la final se disputaba en Chamartín con la presencia de Franco dado que el trofeo llevaba su nombre. Salvo en los momentos en que la sede cambió de lugar, pocas veces, de antemano se sabía donde se iba a jugar. Ahora, ya se sabe que al no existir un estadio nacional como sucede en otros países, los finalistas suelen desear el estadio madridista, pero en este siempre hay obra en los mingitorios para que no se pueda albergar el acontecimiento.

Madrid es ciudad  lugar que suele ser equidistante para la mayoría de los finalistas. Hoy existe un gran recinto, recientemente inaugurado, el nuevo Metropolitano, un cinco estrellas, que el Atlético, sin duda, cedería muy gustoso, Tanto si fuera finalista como si no. De acuerdo con las normas habituales el anfitrión percibe un tanto por ciento de la recaudación que es más golosa si, encima, tiene derecho como participante a la parte alícuota de los protagonistas.

Vicente Calderón, en su tiempo, luchó para que el Madrid no poseyera año tras año la bicoca de la final. Calderón no quería dejar pasar la oportunidad de hacer caja. La sede suele tener problemas por si uno de los participantes es el dueño del recinto. En Sevilla, en La Cartuja, jugaron un año Valencia y Atlético, con victoria valencianista, pero el desplazamiento no es el que mejor conviene a las aficiones. Como sede neutral tiene ventajas, pero la presencia de los seguidores debe facilitarse.

Con tiempo por delante y para que nadie se llame a engaño, se debería ir pensando en el Metropolitano. O en Mestalla si los finalistas estuvieran a similar distancia. En el feudo atlético la presencia del Barça, aunque fuera campeón, no crearía sarpullidos. En el Bernabéu es otra cosa.

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