España, canto a la heterodoxia

Julen Lopetegui apostó por la heterodoxia: ni un extremo, ni un delantero. Y 3-0 a Italia. Se la jugó colocando un once lleno de jugones: Isco, Koke, Iniesta, Silva y Asensio. El primero metió dos goles. El tercero lo marcó el primer delantero que salió al campo. Fue Morata a pase de Sergio Ramos con el fin de que algunos pudieran titular: tres goles madridistas aunque el ariete esté otra vez en el exilio. ¿A  qué hemos jugado durante más de un siglo remarcando la necesidad de jugar por las alas y buscar los remates en el centro o borde del área?

Ha sido durante decenios verdad incuestionable tener en cuenta que la posesión del balón permite el triunfo. En ello no hemos cambiado. España se hizo con la pelota y los italianos estuvieron a punto de pedir una para ellos dado que la oficial era posesión o pertenencia española. Los italianos si hablaran tan mal como algunos españoles dirían que el balón estaba delante mía o detrás mía. En el fútbol lo que cuenta es tener la pelota por delante para poder jugar con más libertad y precisión.

Con tanto jugón en el campo tuvo que surgir la duda del gol. Lo del falso 9 fue un tiempo modelo práctico especialmente con el catalán Cesc, que se las apañaba cuando en el conjunto no había un Villa o un Torres para marcar. Claro que en la teoría de la trascendencia del jugador de toque  hubo que reconocer que el tanto del triunfo en el Mundial de Suráfrica lo marcara Iniesta. Éste, que en el Barça juega en plenitud uno de tres o cuatro partidos, conserva sabiduría y visión. Y fue pase suyo el que propició el derribo de Asensio y el lanzamiento de Isco en el libre directo. Fue toque magistral. Lo pudo interpretar porque en el campo no estaba Cristiano que es quien malversa este tipo lanzamientos noventa y cinco de cada cien.

Siempre habíamos dado por hecho lo difícil que resulta marcarle un gol a Italia y el peligro que significa encajar uno porque su defensa es más firme que la Línea Maginot. Isco tiene en el Madrid un adversario con el que no contaba. La cuestión estaba en la posibilidad dejar a Bale en el banquillo para que él pudiera desenvolverse detrás de Benzema y Cristiano. El Bernabéu se había enamorado de Asensio. El Bernabéu y cuantos aplaudidos la sabiduría balompédica. Contra Italia, en el campo de ambos, tengo la impresión de que la polémica se decantó en favor de Isco. El segundo gol fue propio de futbolista con capacidad suficiente para burlar al contrario y tirar a gol para que el portero no llegue al rincón de las ánimas como le pasó a Buffon.

El tercero tanto fue la guinda. Piqué, constantemente silbado por los separadores (los que favorecen el separatismo) intentó el gol de cabeza y anduvo cerca. Sergio Ramos también buscó el tanto como suele hacer en su equipo. Sin embargo, su gran importación fue la carrera en la que al contragolpe le puso a Morata el balón de la tercera diana.

La Roja dejó a la Azzurra, al pie de la repesca para acudir al Mundial. Sin extremos, sin delanteros, con tanto artista en el césped, la selección española se pareció a aquella que creó admiración en el mundo. Parece ser que lo ideal es alinear a los once mejores independientemente del lugar que ocupen. Si saben jugar como es el caso de los españoles ¡viva la heterodoxia!

Posdata. Se jugó en el Bernabéu. No había obras como suele suceder en vísperas de la final de Copa.

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