Otra vez, once alemanes

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A los diez minutos de partido los alemanes ya habían tirado tres veces a gol. A los veinte se confirmaba que la selección española estaba manejada por el contrario. A la media hora se constataba que no había manera de poseer el balón y a los cuarenta, lo que se temía llegó. Marcó Weisser de cabeza a pase del lateral derecho Toljan. Sólo una reacción extraordinaria podía remediar lo ocurrido. Y aunque se produjo en la segunda parte no hubo solución. Los alemanes aunque perdieron velocidad con el paso de los minutos hasta última hora defendieron bien su ventaja. Hasta el último minuto buscaron presionar y contragolpear. Los cambios de la Rojita no resolvieron el problema. Celades recurrió a jugar con Williams y Mayoral dos delanteros y tampoco. Se confirmó el aserto de Lineker. Once contra once y ganan los alemanes.

Los alemanes habían anunciado juego sucio y no lo practicaron. Sólo en la segunda mitad recurrieron a subterfugios para perder tiempo. Se plantaron en el campo con presión constante. Hicieron derroche de fortaleza física y, además, practicaron un fútbol bien hilvanado y con un director de orquesta, Arnold, al que no había forma de torpedear.

Los germanos practicaron la fórmula que más les podía beneficiar. Presionando muy arriba impedían que los españoles pudieran salir de su campo con el balón controlado. Kepa no tuvo más remedio que sacar en largo para evitar que sus defensas tuvieran problemas para llevar el balón hacia arriba.

Con tal sistema, la selección española perdió tal vez la mejor de sus virtudes. Perdido el balón no había manera de crear jugadas de peligro. Tenían que ser avances esporádicos y con pocas posibilidades para el disparo a gol. Desde los laterales se subió poco por las bandas porque solamente Bellerin se atrevió. Gayá, sustituto de Jonny, intentó lanzar a Williams por la banda izquierda, pero la velocidad del bilbaíno fue insuficiente.

Las tres estrellas del conjunto Saúl, Asensio y Ceballos no pudieron imponerse. La calidad, virtud que se suponía que la Rojita poseía en ventaja con respecto a los germanos no se manifestó en plenitud. Los germanos cortaron el juego de los mejores españoles que no tuvieron ocasión de mostrar sus grandes cualidades en plenitud como hicieron en los tres encuentros anteriores.

En la segunda parte los españoles se hicieron el ánimo que no habían ofrecido con anterioridad. No obstante los minutos en que pudieron a los alemanes dentro de su campo fueron insuficientes para forzar la jugada de gol. La Rojita creó gran ilusión y aunque perdió la final no decepcionó. Alemania tiene un gran equipo.

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