El videoarbitraje da el triunfo a España

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Ya tenemos argumentos suficientes para aceptar la posibilidad del videoarbitraje. En París, a Griezmann le anularon un gol, a Francia le pitaron penalti en derribo a Deulofeu que Silva convirtió en gol y el tanto marcado por Deulofeu, anulado en principio, tras la consulta con los miembros del Var fue validado. Tres jugadas definieron el partido. En las tres resultó favorecida España. Hoy seguro que aplaudiremos las decisiones adoptadas por el equipo que ve el partido en su cabina de televisión. Ya veremos en qué estaremos cuando los acontecimientos sucedan al revés.

Lopetegui, finalmente, decidió componer un equipo más competitivo del que se suponía que podía enfrentar a Francia. Dejó en el banquillo a Silva y Thiago y recurrió a ambos en el segundo tiempo cuando los anfitriones estaban tomando el mando que no habían tenido en el primer tiempo. Si la aportación de ambos sirvió para recuperar posesión lo más efectivo fue dar minutos a Deulofeu. En la primera jugada estuvo cerca del gol y en la segunda le hicieron penalti. En la tercera logró el segundo tanto español. Fue una aparición espectacular. Se esperaban maravillas del joven Mbpee y quien resultó auténticamente eficaz fue el catalán. El francés ofreció destellos de calidad y no pasó de ahí.

La selección española suele tener más balón que goles. Contra Francia ejerció de dominadora. Manejó la pelota con insistencia y tuvo la virtud de recuperar con prontitud las pérdidas. Otro equipo tal vez se habría acongojado cuando en los primeros minutos. La nueva estrella francesa, Mbapee, dieciocho años y miles de millones por su pase están dispuestos a pagar los ricos del fútbol europeo, avisó a De Gea que resolvió el peligro con parada de portero de balonmano, es decir, con los pies. Era para preocupar que poco después Piqué tuviera que salvar casi debajo del larguero la nueva oportunidad gala. Daba la impresión de que se anunciaba gran tormenta y afortunadamente se despejaron las nubes y comenzó a clarear.

Tras el primer cuarto de hora en el que hubo tratamiento de tú a tú, apareció el toque español y Francia se recluyó en su parcela a la espera de contragolpes en los que pudiera hallar alguna facilidad dado que los dos laterales se mostraban de nuevo armas propias de antiguos extremos y tanto Iniesta como Koke e Isco, con Busquets de guardia, lograron dar presencia al juego de ataque y se conseguía apurar a Lloris a quien siempre inquietaban Sergio y Piqué en los saques de esquina y las faltas lanzadas por Koke.

Las maniobras españolas eran las de siempre, las de colocar a Carvajal y Alba como estiletes abriendo el campo. Pedro, recuperado para la selección, también trataba de justificar la llamada. Pero remate, poco. La mayor oportunidad la tuvo Iniesta, pero Lloris adivinó el remate con el exterior del pie derecho. Con anterioridad, el propio Iniesta había hecho una jugada de auténtica artesanía, sin consecuencia posterior. Quedó sin embargo, la imagen de un jugador al que aún le queda ingenio suficiente para salir del acoso de tres contrarios, uno tras otro.

Francia salió a jugar al segunda parte con más espíritu, con mayor afán de lucha y equilibrando la posesión del balón. Ocurrió lo inesperado. Cuando mejor estaban los franceses llegaron los goles españoles. El fútbol suele decirse que es cosa de detalles. Esta vez más que detalles fueron las decisiones sobre las jugadas transcendentales.

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