Cholo Simeone pierde apoyos atléticos

Cholo Simeone fue el gran ídolo del Vicente Calderón. Como entrenador superó el aprecio que tuvo como jugador. Ha sido considerado como gente de casa. No un extranjero fichado para dirigir el equipo, sino un hombre con alma colchonera, independientemente de su nacionalidad. Pero como a todos los entrenadores ha acabado por llegarle el momento amargo en el que se discute su gestión. Unos resultados adversos son dato suficiente para que se ponga en cuestión la labor realizada aunque esta estuviera muy por encima de los planteamientos iniciales. Cholo ha sido hombre clave en el Atlético de los últimos años y, sin embargo, el pasado verano estuvo meditando su salida del club.

Simeone sabía que era casi imposible mantener el ritmo de años anteriores y de ahí que estudiara la conveniencia de darse un descanso en otros lares. Sabía, como todos los entrenadores, que los años de gloria son efímeros. El mismo equipo, aun con refuerzos, no puede soportar la labor de campañas precedentes. El Atlético ha tenido la virtud de jugar por encima del ciento por ciento. Esta circunstancia es la que le proporcionó triunfos. Mantener la misma tónica cuando ya se han cumplido tres años más y con ello se ha perdido la frescura de la juventud futbolística es causa directa de la pérdida de fortaleza.

El Atlético, que se distinguió, entre otras razones, por su fortaleza defensiva ya no es el mismo. Hasta Godín, emblema de la zaga, ha perdido fuerza y la gran capacidad de adelantarse a los acontecimientos. En el centro del campo falta el hombre que sostenga el juego y cuando disminuye la fortaleza y no acompaña gran calidad es difícil engarzar grandes jugadas. De esta caída, como es natural, se han contagiado los delanteros y Griezmann, el jugador en quien se apoyaba la capacidad goleadora ha perdido eficacia. Éste, por su juventud es más que probable que tarde poco en ser lo que era.

El Atlético padece caída general. Cholo meditó la posibilidad de salir del club con la esperanza de volver dentro de un periodo en el que el club haya experimentado, probablemente sin tanto triunfo, las teorías de otros técnicos.
Han bastado las derrotas en Liga para que se haya minusvalorado lo conseguido en Liga de Campeones. El hombre en quien se tenían puestas todas las ilusiones comienza a ser tan cuestionado que incluso se barajan nombres para su sucesión. Sic transit gloria.