La Copa no es buen negocio

La Copa del Rey hay ocasiones en que parece torneo clandestino. La mayoría de los partidos se disputan en tiempo alejado de lo que en realidad interesa a los aficionados. El campeón de España era el ganador de la Copa y ahora se considera torneo casi de segunda división, salvo si lo ganan Madrid o Barcelona. Por supuesto, el enfrentamiento entre ambos, en eliminatoria o la final, atrae todo el interés que casi compensa las jornadas que pasan casi inadvertidas. Económicamente, para la mayoría es mal negocio.

En Inglaterra se toman muy en serio los títulos coperos que no es sólo uno y con ello dan realce a las decepciones de la Liga. Aquí ocurría antaño. La Copa era la oportunidad para enmendar una mala campaña. Las aficiones se volcaban en todos los encuentros desde los octavos de final. Incluso había ocasiones en que era obligado disputar partidos de desempate. Lo importante se jugaba en los meses finales de temporada. La Liga, que en los mejores tiempos contaba con dieciséis equipos participantes, podía concentrar el torneo copero sin otro tipo de partidos que restaran importancia como sucede ahora. La Copa jugada en meses invernales, entre jornadas de Liga y torneos europeos, casi sorprende su existencia.

En las circunstancias actuales más de un club trata de poner en la competición interés suficiente para que los aficionados vuelvan a los campos tras las frustraciones sufridas en Liga. La Copa se convirtió hace años en ocasión para que los clubes más modestos tuvieran la compensación con un enfrentamiento con un grande. Estamos justamente en esa fase. Ya ha habido varios que se han beneficiado de la fortuna en el sorteo y harán la caja que en Segunda B o Segunda es imposible. En general, el torneo es deficitario.

Es bueno llevar a campos de las categorías inferiores a la Primera partidos en los que los aficionados se hacen la ilusión de que van a poder ver a las grandes figuras. Desgraciadamente, no sucede así porque los entrenadores suelen reservar a los mejores con el pretexto de la importancia que tiene el siguiente encuentro liguero. Baste como ejemplo Barça y Madrid. El sábado tiene el clásico del año y no conviene arriesgar un alamar porque hay más en juego.

Hace años, el modesto que se enfrentaba a un grande pedía que acudiera con los mejores con el compromiso de que los suyos no darían una mala patada. Sucedió en un Extremadura-Real Madrid, con Gento y Di Stéfano y todos felices.

Posdata. Los modestos sueñan con dar la gran sorpresa. Pero nunca llega a la final el equipo revelación.