Las mujeres salvan al deporte español

Las mujeres han salvado algo más que el honor. Las deportistas españolas han sido la salvación de la delegación olímpica en Río. Empezó Mireia Belmonte con oro y bronce en natación y la siguieron en lo más alto del podio Maialen Chorraut en aguas bravas, Carolina Marín, en badminton y ha cerrado el catalogo de grandes triunfos Ruth Beitia vencedora en en salto de altura.

La aportación femenina ha tenido puestos en plata y bronce. La selección de baloncesto, la gimnasia rítmica y Eva Calvo en taekwondo. También han sido protagonistas con los bronces gracias a Lidia Valentín en halterofilia. En el cómputo general, las mujeres han ganado nueve medallas y los hombrees se han quedado en ocho.

La gloria del oro estuvo en manos de Rafael Nadal y Marc López en dobles de tenis, los piragüistas Craviotto y Toro, pareja en piraguas, en Marcus Cooper Walz, que dio la gran nota con su triunfo también en las aguas. En la plata hay tres victorias de mujeres y una de Orlando Ortega, segundo en 110 metros vallas.

En el bronce, además de las medallistas citadas, han pisado podio la selección de baloncesto, Craviotto en K2 y Joel González en taekwondo. Carlos Coloma también ha conseguido el bronce en bicicleta de montaña. Ha sido la última aportación española a la clasificación general del medallero en donde el puesto trece ha sido la confirmación de que seguimos detrás de los grandes países, como es obvio, pero también tras otros en los que, económicamente y por población, no deberían estar por delante de nuestro estatus.

El final del torneo de baloncesto tuvo la gran gesta de las chicas aunque fueron derrotadas en la final por Estados Unidos. Ganaron los chicos a Australia de la manera más dramática que puede darse: por un punto en el último segundo.

La selección de baloncesto cometió dos errores graves al comienzo. Las dos derrotas le impidieron ser primera de grupo con lo que, encima de jugar contrarreloj, se vio abocada a enfrentarse a Estados Unidos en la semifinal lo que le privó de acudir a la final en la que se habría enfrentado también a los estadounidenses, pero con la plata asegurada. Tal vez el mejor partido fue el disputado ante Lituania. Frente a los norteamericanos se dio la cara y no se se anduvo lejos de dar la sorpresa.

El resultado final, de acuerdo con los pronósticos de los dirigentes, ha sido correcto puesto que se fijó un número de preseas entre quince y veinte y ha habido dieciséis. Lo conseguido merecerá un análisis menos entusiástico que el de los momentos en que ha habido varios podios. Tal vez la nota más satisfactoria hay sido el hecho de que tras 1982, en Barcelona, con Fermín Cacho en los 1500 metros, no se había catado el oro atlético y esta vez, junto a la plata del cubano nacionalizado Orlando Ortega.

Ruth y Orlando son escaso argumento para que lleguemos a la conclusión de que ha habido gran progreso. Tardar veinticuatro años en ganar otro oro en el estadio no es para sacar pecho. Y Mireia, en natación, el segundo deporte grande del olimpismo, ya venía bendecida desde Londres, en 2012.

Posdata. García ­Bragado, tras siete Juegos, y vigésimo en Río en los 50 kilómetros marcha abanderado español en la clasusura. Se lo merecía.