Río fracasa antes de empezar

Los Juegos Olímpicos de Brasil están fracasando antes del comienzo. Ya hay delegaciones que han renunciado a ocupar los edificios de la Villa Olímpica y se han instalado en hoteles. Ha sido el primer golpe de efecto. Posteriormente, probablemente, llegarán las deserciones para participar en aguas emponzoñadas. La organización ha sufrido durante meses todo tipo de retrasos en las construcciones y la adecuación de los recintos deportivos. Brasil, que ha triunfado en dos campeonatos del mundo de fútbol, no ha podido con un evento que está por encima de un torneo de veinticuatro selecciones.

Los Juegos requieren mayor logística y tienen trascendencia universal puesto que participan todas las naciones del mundo. Brasil optó por ser sede y lo hizo en momento de optimismo económico. Con el tiempo, han menguado los dineros, ha habido grave crisis política y los mandos no han podido llevar a cabo el negocio con innegables torpezas e incompetencias de toda laya. Hasta la construcción de los edificios, que se proyectaron para albergar a deportistas y posterior venta a ciudadanos, está siendo un fracaso más. El escándalo de las delegaciones que han renunciado a albergarse en los edificios de la Villa Olímpica ha devaluado el valor de los inmuebles.

El Comité Olímpico Internacional (COI) otorgó la sede a Brasil, entre otras razones, porque la universalidad de los Juegos obligaba a pisar suelo suramericano en donde todavía no se había vivido el máximo acontecimiento mundial. América se había centrado en Estados Unidos y las excepciones de México y Montreal. La novedad no ha sido oportuna. El problema del mosquito zica ha quedado minimizado comparándolo con los problemas de la Villa Olímpica. En general, las organizaciones siempre han tenido noticias preocupantes por el retraso de las obras, pero finalmente todo quedó resuelto antes de que la llama olímpica llegara al país. En Barcelona, por poner un ejemplo, el mayor problema radicó en la construcción de la llamada Pata Sur, que facilitaba la circulación, porque hubo discrepancias entre el ayuntamiento socialista de Maragall y la Generalitat convergente de Pujol. Finalmente, todo funcionó magníficamente.

La sede brasileña ha vuelto a poner dudas sobre la designación de ciudades que ofrecen más inconsistencia organizativa de la debida. No basta con la buena voluntad ni los deseos de los miembros del COI. Ni las dádivas con que en ocasiones se consiguen votos.

Posdata. Madrid seguirá en la cola olímpica porque hay países europeos con méritos y por supuesto, mayor lejanía en el tiempo.