Lopetegui, en la órbita de Villar

Ángel María Villar se ha abstenido. Las ganas que tenía para el sucesor de Deel Bosque podía haber sido Javier Clemente por quien siente gran aprecio y admiración. Pero no ha cambiado de registro. Su hombre ha sido un vasco a quien cabe legitimar por su historial al frente de las selecciones inferiores. Julen Lopetegui no estaba en el primer puesto del podio de aspirantes. Tenía menos gente que le escribiera. Joaquín Caparrós parecía ungido. Tenía medios a favor y contaba también, junto a sus valores futbolísticos, con su bonhomía. Tengo la impresión de que Michel pintó poco. Era quien menos aplausos convocaba.

Julen pertenece a la entonces aún pletórica teoría de que los toreros eran de Sevilla y los porteros de San Sebastián. No alcanzó gloria histórica como guardameta aunque siempre fue tenido por profesional de primer orden. Como entrenador ha tenido fortuna en los puestos federativos, y en este aspecto estaba por delante de los demás aspirantes. Obraba en su contra el hecho de haber sido despedido por el Oporto, con el que había hecho una temporada brillante anteriormente y había llevado al equipo a Liga de Campeones. Las destituciones de los entrenadores no siempre deben ser aspectos negativos para su currículo. Del Bosque, triunfador en el Madrid, con Liga de Campeones incluida fue despedido como un perdedor. Caparrós no acabó bien en el Sevilla y también fue destituido en el Villarreal en año en que de la mano de Paquito ascendió a Primera.

Lopetegui va a tener en contra los títulos alcanzados por Luis Aragonés y Vicente Del Bosque. Se le examinará como si sus antecesores le hubieran dejado el equipo que triunfaba y maravillaba con su juego. De aquella manola queda bien poco.

El sistema que ha dado éxitos parece obsoleto. La fórmula la conocen en todas partes. Sin ir más lejos, hasta en Nueva Zelanda. Lopetegui tiene la difícil misión de renovar el equipo y echar mano de una fórmula, que sin abandonar el toque, permita un ataque más vertical, menos empalagoso que lleve con más facilidad al gol. No lo tiene fácil y desde el primer día será objeto de críticas y, si se tercia, del pim-pam-pum.

Personalmente le tengo gran respeto. La necrológica que le dedicó a Javier Salamero, cronista radiofónico del Rayo cuando él era portero, aún la recuerdo con emoción. Fue manifestación de gran calidad humana.

Posdata. Froome no debería sentirse muy orgulloso de su triunfo. Le regalaron el tiempo que perdió en una caída, sin real causa justificada.