España celebró el 18 de julio de 1959

Ayer, día de San Federico, 18 de julio, hubo, en tiempos de Franco, una jornada que celebrar. No había motivos políticos, pero se pudo recurrir a la hazaña de un toledano, Federico Martín Bahamontes, ganador del Tour entrando triunfal en el Parque de los Príncipes de París. Eran tiempos en que los hechos deportivos servían de bálsamo a la ciudadanía que todavía, en 1959, guardaba lutos.

Zarra nueve años antes, en Río de Janeiro, había batido a Williams, portero de Inglaterra y el presidente de la Federación, Armando Muñoz Calero, había dicho por Radio Nacional que habíamos vencido a “la pérfida Albión”. El Tour, ganado por vez primera había sido jornada de gloria. El Tour de hogaño ya no ofrece celebraciones como aquella. Sobre todo porque Ocaña, Perico, Sastre, Pereiro, Contador y sobre todo Miguel Indurain, han restado trascendencia histórica a aquella tarde en que por vez primera el pueblo español conoció el nombre de una esposa de deportista. Era Fermina quien aguardaba en el palco del estadio parisiense a que le dieran el mejor ramo de flores que habida recibido nunca la mujer de un ciclista.

Ayer no hubo celebración del día de San Federico que se debió convertir en fiesta para los ciclistas españoles en cada ronda francesa. Federico ha quedado lejos y aunque ha cumplido 88 años sigue siendo “El Águila de Toledo”. Era época en que los periódicos sembraban sus páginas con sobrenombres más o menos rimbombantes. En ciclismo, el más listo de cuantos han corrido por las carreteras nacionales e internacionales, Bernardo Ruiz fue “El Pipa” y luego tuvimos a Julio Jiménez “el relojerito de Ávila”. Los futbolistas acabaron ganando esta partida de apelativos. “La Saeta Rubia” convivió con “La Galerna del Cantábrico” “El Gato de Maracaná” o con Telmo Zarra de quien se llegó a decir que era la mejor cabeza de Europa detrás de la de Churchill.

El Tour, aun sin españoles que aspiren al triunfo, sigue teniendo gancho. Luis García Berlanga, por ejemplo, decía que el Tour era lo único que le podía privar de la siesta sin que ello supusiera sacrificio.

El Tour llega siempre después de los grandes torneos futbolísticos y es el prólogo de los Juegos Olímpicos. La caída y abandono de Contador nos ha privado de jornadas en las que podíamos vivir la esperanza de que derrotara a Froome.

En los peores años, aunque no nos quedara París, siempre estaba por medio la ilusión del Gran Premio de la Montaña. Era el galardón de consolación que nos complacía al decir que las cumbres eran nuestras. Y esa historia era más larga que la de San Federico. Su antecedente fue Vicente Trueba “La Pulga de Torrelavega” el ciclista que trajo a nuestras crónicas la palabra “grimpeur”. En plena Guerra Civil, cuando los corredores españoles luchaban en las cumbres francesas, los héroes de la época, Cañardo, Berrendero y Ezquerra no tenían gran predicamento porque representaban a la España de la asaltada República el día de San Federico.

Posdata. Los futbolistas franceses y portugueses eran excepciones en nuestra Liga. Ahora ocupan puestos que parecían propiedad de argentinos y brasileños. Y no es para tanto.