Del Bosque merece comprensión

Vicente del Bosque no debe ser condenado a galeras por los fracasos en el Mundial y la Eurocopa. El seleccionador está condenado por la opinión pública que parece destinada a cantarle el gori-gori. No es castigo impropio considerar que su etapa al frente de La Roja ha terminado. Tampoco lo es que algunos de los futbolistas que participaron en los últimos triunfos también han llegado al término de su carrera internacional. De la misma manera que en las victorias hubo aplausos colectivos, igualmente deben sancionarse las derrotas. Del Bosque ha cometido más de un error y alguno de ellos ha sido por su bonhomía. La lealtad le ha jugado malas pasadas. En el momento en que se intuye la despedida lo honrado es calificarle de acuerdo con su historial. Su trayectoria profesional le avala aun cuando en la parte final de la obra haya tenido más de un tropiezo.

Contra Del Bosque hubo animadversión pese a que como entrenador del Real Madrid había triunfado hasta el punto de haber ganado toda clase de títulos nacionales y hasta la Copa del Eurocopa. Se le llegó a calificar de ser maestrillo con librillo obsoleto. Es probable que nunca haya sido un revolucionario en el mundo del fútbol y, probablemente, tampoco lo ha pretendido. Fue técnico eficaz dirigiendo la cantera madridista y no desentonó como entrenador del primer equipo.

El historial de Del Bosque es de los más destacados de la historia del fútbol español. En la Eurocopa no ha tenido la fortuna de otras veces y en mi opinión ha cometido algunos errores en la composición de la lista y más aún en el mantenimiento del once titular durante cuatro encuentros. La fe por lo acaecido en otros momentos le ha impedido tomar decisiones que seguramente habrían cambiado el panorama de la selección. Si tiempo pasado no mueve molino debemos considerar que de la misma manera que en filosofía se considera que pese al correr de las aguas el río sigue siendo el mismo, en La Roja es preciso cambiar de cauce aunque el fondo del mismo sí continúe igual.

Posdata. El cambio de entrenador debe hacerse con la premisa de que el sistema de juego es innegociable. No más tumbos.