En Francia se perdió la perspectiva

La victoria ante Turquía fue espejismo. La soberbia actuación de Iniesta, rayo de luz apagado por los centrocampistas italianos. Arrancar con dos triunfos nos hizo perder la perspectiva. Olvidamos durante unas jornadas, los antecedentes penales con que se había llegado a la fase final de la Eurocopa. La fase clasificatoria se solventó sin excesivos apuros aunque en el cuadro no había adversarios de gran talla. En las jornadas de preparación, España ganó dos encuentros con goles del lateral derecho del Villarreal, Mario. Los delanteros no fueron los hombres en quienes se podía confiar plenamente. Y llegó la ocasión de vencer a Georgia, equipo perdido en la clasificación de la FIFA y se perdió. Fue aviso para barcos pesqueros y navegación de cabotaje.

El glamour del equipo que creó Luis Aragonés y su sistema de juego, tuvieron la primera caída en Brasil, en el Mundial. Después se ha ido de Herodes a Pilatos. Vicente del Bosque tuvo el acierto de mantener le herencia sin romper un solo mueble. Siempre fue hombre de buen criterio y no quiso, como hacen otros, imponer su propio estilo. Es uno de los graves errores que se suelen cometer cuando la soberbia puede a la sensatez. Vicente no ha hecho más cambios que los imprescindibles, los que, entre otras razones, ha obligado la edad de algunos futbolistas.

La fe en los leales le ha perdido. Ha mantenido a la mayoría de los que triunfaron en el Mundial y las dos Eurocopas. En Francia ha vuelto a caer en su fórmula. Es cierto que, en ocasiones, su mano izquierda es la que ha servido para calmar pequeñas revueltas, malestares y tensiones.

Fue Del Bosque quien tuvo que templar gaitas cuando el inefable Mourinho estuvo a punto de destruir el ambiente de La Roja. Su buena voluntad es la que le ha impedido prescindir de algunos jugadores a quienes les había llegado la hora del relevo. Ese sistema compensatorio le condicionó las alineaciones en Francia. Mantener el mismo equipo en cuatro partidos era grave error.

Los jugadores han llegado a la fase final con cansancio enorme. Hacerles jugar sin apenas relevos posibilitó lo ocurrido ante Croacia y el desastre final frente a Italia. Contra Croacia ya se comprobó que los nuestros no ganaban una sola carrera. Contra Italia faltó fuerza física de nuevo y perdido el balón no se halló el Plan B preciso para reorientar el juego.

Resultó absurdo que recurriera a Pedro porque su presencia solamente podía ser entendida como ganas de complacer al único que fue capaz de mostrar públicamente su malestar por su suplencia. Del Bosque erró por convocarle cuando en Inglaterra había fundido las virtudes de otros tiempos.

Contra Italia no se podía jugar con tanto artista. Se requería mayor presencia en el centro del campo. Busquets no podía con las avalanchas italianas. Más que un jugón era necesario un jugador que además de crear juego fuera capaz de reforzar la zona defensiva. España perdió demasiados balones en el centro del campo. En cada una de ellos había un peligro ante De Gea. Dos laterales con tendencia al ataque precisaban gente que les guardara las espaldas.

Contra Italia era el momento de dar algunos relevos. No lo hizo y, ahora, sólo caben lamentaciones. El análisis de lo sucedido merecerá hablar del futuro. El final de la película exige otra historia con otros protagonistas.

Posdata. Me lo temía. Algunos colegas ya no saben cómo salvar ciertos errores. Los acabará pagando Piqué. Ya han empezado.