Italia nos robó el balón y la gloria

Italia le robó a España el balón, el juego y la gloria. Fue bonito mientras duró y tras los éxitos conseguidos en tan pocos años, en el Mundial de Brasil y en la Eurocopa de Francia, el encanto del tiqui-taca acabó cuando se entró en la parte seria del espectáculo. España ha perdido en el campeonato ante los dos equipos con empaque. Lo ocurrido ante Chequia y Turquía fueron dos triunfos sin “glamour”. Italia hizo lo mejor de la tarde. De Gea salvó un par de goles cuando ya el marcador era favorable a los italianos. Buffon hizo lo propio y el empate con que se soñaba para llegar a la prórroga no fue posible.

Italia salió a jugar contra España con la consigna más difícil de cumplir: jugar a la manera habitual del adversario y consecuentemente, tras robarle sus maneras, impedir que en ningún momento las recuperara. Los italianos se comprometieron a disputar un partido de enorme sacrificio sin renunciar a su ataque. Lo hicieron con presión muy arriba para impedir que los españoles salieran con el balón jugado y, por el contrario, buscaron la portería española con toque, precisión en el pase, contragolpes rápidos y entradas por todas partes. Italia se adueñó del balón y cada vez que lo perdió lo recuperó con prontitud. La selección italiana que esperábamos se parecía a la tradicional en la eficacia defensiva, pero era mucho más organizada, mejor centrada en el campo y destruyendo toda posibilidad de creación española.

A los españoles, como es habitual, les costó crear jugadas de gol y cerca del área de Buffon no hallaron el modo de disparar. Contra las dificultades que presentaban los defensas italianos, y la casi imposibilidad para entrar en el área pequeña a base de las habituales paredes, se precisaba chutar a gol desde fuera del área. Con la lluvia caída, los porteros podían tener dificultades para detener la pelota dado que podía resbalar. Buffon solamente tuvo que lucirse en un despeje de puños. Del Gea hizo tres paradas extraordinarias con las que enmendó el error del gol ya que no detuvo la pelota ni la desvió hacia fuera. Hizo lo más difícil, pero erró en lo menos problemático. Por dos paradas igualmente extraordinarias en las que los defensas no llegaron al socorro del guardameta hace años condenaron a Iribar y Arconada. El tanto llegó en libre directo, falta que fue sancionada por un error de Sergio Ramos, que no se ha protegido en ningún encuentro y ha hecho una cada vez.

Mejoró el juego español en la segunda parte, pero con pocas ocasiones para batir a Buffon. Morata se enfrentó a sus tres compañeros de equipo, Bonucci, Chielline y Verzaglio y poco pudo hacer. La entrada de Aduriz, prontamente lesionado, no aportó el peligro que se le suponía. Lucas Vázquez entró por Morata. Hizo poco, pero bien.

Los italianos con Pelle y Eder en las contras pusieron a los zagueros españoles en serios apuros. En los últimos instantes Piqué estuvo a punto de empatar, pero Buffon salvó a los suyos. Los minutos finales fueron jugados con corazón y sin precisión. Italia recobró su característica tan ponderada como es la sapiencia defensiva. Ganó el mejor. España ha terminado el ciclo glorioso. Italia ha puesto punto final a la mejor etapa de nuestra selección.

Posdata. Los antecedentes sólo sirven para las estadísticas. Italia constató que no es de fiar.