Georgia hizo relojes en Getafe

Ni siquiera con el refuerzo de Iniesta y Silva en la segunda parte fue posible vencer a Georgia, selección que tiene en su historial victorias sobre Gibraltar, Andorra y Malta. La Roja no gustó contra Corea a pesar de la goleada. Tampoco hizo felices a los aficionados contra Ucrania e Inglaterra, partidos que ganó gracias a los goles de Mario, lateral derecho. De nuevo, el equipo mostró su casi tradicional incapacidad para marcar goles cuando el contrario se atrinchera. La derrota es tal vez la más infamante de las sufridas. No es buen síntoma para la Eurocopa. No debe tomarse la derrota a la tremenda, pero lo que se insinúa no es muy esperanzador.

Sin Iniesta y sin Silva al principio, el equipo español no hizo más que un par de jugadas en todo el primer tiempo. En una de ellas, el centro de Lucas Vázquez lo remató de cabeza, a su estilo, Aduriz. También hubo un disparo de Thiago desde fuera del área que rebotó en lo que antes Matías Prats llamaba la cepa del poste. Y eso fue casi todo. Por si faltaba algo, Sergio Ramos perdió un balón cerca del medio campo que propició el ataque georgiano. Piqué, tan silbado por el público, antes el respetable, se echó al suelo y cortó el avance pero la pelota quedó suelta y volvió a los pies de un georgiano quien puso en bandeja el gol a su compañero Okriasvili con lo que la teoría de Luis Aragonés, de que en incluso el más tonto hace relojes, se hizo realidad en el minuto cuarenta.

No fue cosa de que la selección visitante, que recientemente fue goleada por Rumanía (5-0), mostrara alguna intención de plantar cara. Su batalla estuvo fundamentada en defenderse. No les interesaba otra oferta futbolística. El gol fue casualidad. Los españoles se habían dedicado casi todo el tiempo a pasear el balón con solo entradas por la banda de Juanfran y Lucas Vázquez, Jordi Alba esta vez estuvo menos reclamado por sus compañeros, y la consecuencia fue la falta de chispa para el gol, el juego deslavazado y la impresión de que había conformismo dada la idea de que la superioridad era manifiesta.

Los cambios de la segunda parte dieron más aire al juego, pero hubo excesiva insistencia en la búsqueda de paredes contra el muro defensivo. Hubo más velocidad, pero sin ideas claras. Nolito, que cree que en cada partido ha de marcar goles, se empecinó en buscar la jugada definitiva pese a la agresividad de los contrarios. Tengo la impresión de que Del Bosque no debió extraer demasiados conceptos valederos para la Eurocopa. La Roja está descolorada.