El campeón no jugó mejor que el derrotado

. Hace dos años se la acabó arrebatando el Madrid con el gol in extremis de Sergio Ramos. En Milán perdió en los penaltis después de haber tenido en los pies de Griezmann el penalti que le pudo haber llevado hacia el triunfo y aunque dominó más, poseyó más el balón, tuvo que inclinarse en la hora de la verdad. Falló Juanfran y Oblak, héroe en varios momentos, fue una especie de Don Tancredo ante los jugadores contrarios en las penas máximas. Gabi y Casemiro fueron los hombres que sostuvieron a sus equipos en los momentos cruciales. Las lesiones musculares de Filipe, Koke, Modric, Bale, Cristiano y Casemiro fueron el síntoma claro de una final jugada con más problemas físicos de los que cabía esperar. Fue la tercera perdida por el Atlético.

Sergio Ramos fue el héroe madridista en la final de hace dos años en Lisboa y se apuntó de nuevo a ser verdugo del Atlético. Marcó en fuera de juego y con ello se consumó la salida más ardorosa de su equipo, que desde el comienzo había desbaratado al adversario practicando parte del juego que le caracteriza.

En los primeros minutos vimos lo contrario de lo que se esperaba. En los últimos veinte minutos de la primera parte también se produjo una imagen contradictoria con lo que en ambos conjuntos se supone. El Atlético se hizo con el balón y el Madrid se aculó en su campo. La posesión, sin embargo, sirvió de poco porque salvo un disparo de Griezmann, desviado, no hubo peligros para Navas. Antes del tanto de Ramos, a los seis minutos Oblak salvó en prodigioso acto reflejo el remate de Casemiro a bocajarro.

La final, independientemente del resultado, estaba marcada por dos jugadas polémicas. Quedó claro en las repeticiones que Sergio estaba en fuera de juego antes de que rematara. El propio defensa madridista, parece que cometió un penalti que el árbitro no vio.

Sorprendió que el Atlético saliera temeroso, muy tímido. Resultó incomprensible que el Madrid, tras tomar ventaja, comenzara a mostrarse conservador. Fue casi suicidio mostrarse tan poco ofensivo cuando quedaban tantos minutos por delante.

El Madrid se ha caracterizado por pérdidas de fuelle en las segundas partes y esta vez no ha sido menos. Hubo momentos en que los colchoneros jugaran como en el patio de su casa mientras los madridistas miraban como la pelota iba de un jugador contrario a otro. Todos los momentos de dominio produjeron pocas ocasiones de gol. Tuvo que ser un centro de Juanfran desde su banda, para que Carrasco empatara y el juego llevara a la prórroga y los penaltis.

Hubo más emociones y situaciones casi dramáticas con los gemelos de la mayoría de los futbolistas a punto de estallar, que grandes momentos de buen juego pese a que los rojiblancos hubo momentos en que trataron de parecerse a un equipo de toque exquisito. Lo que no es. Tal vez por ello careció de profundidad y peligroso contragolpe.