El Sevilla, ejemplo de la globalización

La fiesta en Sevilla, como la lluvia, es una maravilla. Están de celebración en celebración. Primero la Semana Santa con miles de visitantes que dejan su pasta, después, la Feria de Abril, que tampoco es moco de pavo y cuando están aún de vuelta los romeros del Rocío, llega el Sevilla Fútbol Club y gana la Liga Europa. Y, sin embargo, la celebración por tal acontecimiento no ha sido total. (Al margen los béticos que aunque sevillanos no son “palanganas”) La fiesta mayor se espera para el domingo cuando el equipo gane el título de Copa del Rey al Barça lo que aspira.

El Sevilla es el paradigmático ejemplo de la globalización futbolística. La gloria de sus mejores éxitos sólo la pueden compartir cuatro futbolistas españoles. El resto son extranjeros. Aquello de Bustos; Guillamón, Campanal, Valero, o el remate glorioso de la delantera formada por López, Pepillo, Campanal, Torrontegui y Berrocal, son cosa de las hemerotecas. Ahora, el sevillismo aplaude a varios franceses y en la alineación hay también jugadores de origen polaco, ucraniano y brasileño. Y nadie se rasgara las vestiduras por haber ganado al Liverpool con un grupo de futbolistas que hablan distintos idiomas y tal torre de Babel, es dirigida por un vasco, Unai Emery, que tiene mano izquierda suficiente para ensamblar una maquinaria humana tan compleja. Afortunadamente dos de los goles los marcó un jugador de nombre pronunciable: Jorge Andújar Moreno “Coke”. Madrileño.

Vistos lo sucedido durante el primer tiempo, apostar por el Sevilla era poco menos que una aventura. No obstante, en menos de un minuto cambió el escenario y desde ese momento quienes recitaron los mejores papeles de la obra fueron los sevillistas. Eran más los ingleses en las gradas, pero el himno que en realidad so oyó fue el de Nervión donde se proclama que “sevillista seré hasta la muerte”. El sevillismo no tiene la curiosa filosofía del Betis, en el que incluso llegó a jugar un Unamuno, pero ha enlazado con los mejores momentos de su historia para plantar para el futuro un recuerdo imperecedero. Siempre se ha comprendido aquello de “viva el Betis manque pierda” y con lo protagonizado en los últimos años, con cinco Copas UEFA y tres consecutivas se puede justificar cuanto dice el himno del Arrebato. Gloria in excelsis Deo.

Posdata. Error, inmenso error. Prohibir las banderas catalanas independentistas, las esteladas, en la final de Copa del Rey, ha sido alimentar las protestas. Es dar gusto a quienes no necesitan estímulos.