Neymar, en la estela de los folcloristas

Las grandes estrellas del fútbol brasileño no han sido todas ejemplo a seguir. Ha ocurrido que en los momentos más trascendentales han tirado por los suelos su imagen. En el Barcelona conocieron las veleidades de Romario, posteriormente las de Ronaldinho y ahora toca el turno de Neymar. La Vanguardia, periódico prestigioso y nada dado a chismorreos de papel cuché, ha sacado a relucir la vida poco conforme con lo que ha de llevar un futbolista, que por muy joven que sea está obligado a cumplir con las normas básicas de la preparación para mantener su cuerpo en condiciones de rendir adecuadamente.

El fichaje de Neymar ha sido un escándalo en lo económico. Las clausulas que pretendieron ocultar el coste de la operación fue el primer paso en falso. De aquello se han derivado actuaciones judiciales que no han llegado todavía a la sentencia y en la que se han visto implicados el entonces presidente, Sandro Rosell, y el actual, Josep María Bartomeu. En España y Brasil se siguen expedientes de incierto final en los tribunales.

Da la impresión de que en el contrato del jugador existe un artículo por el que se le concede permiso anual para acudir al cumpleaños de su hermana, hecho que vacaba siempre en un jolgorio poco recomendable para quien ha de regresar de manera óptima. Neymar no oculta su predisposición al bailoteo y la juerga hasta horas impropias para un deportista. Los brasileños, además, tienen obsesión por su selección y el jugador barcelonista pretende dedicar este verano a participar en los Juegos Olímpicos y los partidos del equipo nacional en competiciones suramericanas. Tal parece que le importa una higa que quien le abona tan sustanciales salarios se vea privado de su presencia en la etapa de preparación y, como consecuencia, su llegada al equipo sin el debido descanso.

El Barça, en los momentos de victoria ha mirado hacia otro lado y ha permitido los caprichos del jugador. Cuando han llegado los momentos aciagos han surgido los días de duda e insatisfacción. Mientras jugaba satisfactoriamente y marcaba goles todo estaba bendecido. Han cambiado las tornas. Neymar ya no es un artista. Empieza a ser un insensato a quien hay que corregir. Los futbolistas de esta clase suelen crear mal ambiente en el vestuario y ponen al entrenador a los pies de los caballos si se declara consentidor.

Posdata. El Barça acusa la ausencia de un gran capitán como era Puyol. Un jugador que tenga peso moral. Piqué lo intenta.