El Calderón dictará sentencia

La derrota del Barcelona frente al Madrid no fue un accidente. Fue como decían los viejos hombres del tiempo un aviso para barcos pesqueros y navegación de cabotaje. Tras medio partido al tran-tran, el Barça reaccionó, puso más velocidad en su juego y el Atlético, atrincherado en su área, sólo permitió los dos tantos de Suárez con lo que la solución de la eliminatoria ha quedado para el campo madrileño. Y con ventaja por el gol marcado por Torres. El acoso barcelonista que tuvo poco derribo produjo un fútbol en el que veinte jugadores estuvieron dentro de un área. Con diez hombres por la expulsión de Torres el Atlético hizo defensa heroica.

Simeone echó mano de los antecedentes y le concedió la titularidad a Torres porque éste es el mayor verdugo de los azulgrana. Ya le ha marcado once goles y seis, en el Camp Nou. Cumplió con su misión a pase de Koke y puso la eliminatoria muy a favor para su equipo. El fútbol vive mucho de los contrastes y en 35 minutos de juego, el verdugo fue expulsado por dos tarjetas amarillas en faltas cometidas en el centro del campo. La segunda existió pero fue un exceso arbitral al amonestar por lo que fue simplemente una falta. El alemán Brych, con buen historial, vino a sentenciar algo que se debe marginar: castigar cada falta con una tarjeta. Se lució con la exhibición de once tarjetas, ocho de las cuales, para el Atlético.

El fútbol es deporte de contacto y en cada encuentro se producen decenas de jugadas en las que los protagonistas cometen errores. Las faltas intencionadas y las entradas peligrosas no tienen nada que ver con un derribo cuando se ha buscado el balón.

El Atlético salió a jugar de acuerdo con sus sabidos sistemas. Presión arriba para que el Barça no pudiera salir con el balón bien jugado y repliegue de todo el equipo para defender la portería de Oblak. Los azulgrana volvieron a cometer el error que les ha llevado a los peores momentos. Mucho pase horizontal y escasa velocidad para montar el ataque. Excesivo deseo de penetrar por el centro y pocas entradas por las bandas. Justamente la mejor ocasión fue un pase desde el lateral que Suárez remató alto. El Barça que dominó la posesión, pero más en su campo que en el contrario solamente había buscado el gol en dos remates cuando el Atlético aprovechó el contragolpe y Torres le metió la pelota entre las piernas a Ter Stegen quien momentos después salvó un disparo de Griezman. En la segunda mitad, con Alves de centrador incansable, llegó el segundo de los tantos locales. El primero fue en jugada con Jordi Alba de protagonista y solución de manera embarullada.

Jugar con uno menos pesó en exceso a los colchoneros. Era lógico que el Barça, con más animo y acoso constante, consiguiera remontar.

Posdata. Messi, demasiado conservador. Tuvo dos errores impropios. Esta vez no fue la solución.