Los árbitros vuelven al protagonismo

Los árbitros en los momentos en que la Liga se calienta tanto por arriba como por abajo, se convierten en protagonistas. La memoria histórica recuerda a inefables colegiados que hicieron sufrir a muchas aficiones. Esta jornada en El Madrigal y el Santiago Bernabéu, ha sido figuras destacadas Sánchez Martínez y Estrada Fernández. Han vuelto a reproducir algunas de las historias más nefastas de las ligas más enconadas. Curiosamente, en esta ocasión lo sucedido se ha producido con equipos de alcurnia. No han padecido decisiones flagrantes clubes en los que en cada jornada les va la vida.

La tradición española dice que un árbitro amonesta antes por una protesta que por una patada. Existen suficientes antecedentes para justificar lo afirmado. Todo aficionado que haya vivido el fútbol de cerca habrá comprobado que muchas lesiones con mayor o menor gravedad han pasado inadvertidas a quienes tenían obligación de juzgar con sentido común.

Los colegiados nacionales tienen tendencia a expulsar a jugadores que reclaman justicia y a entrenadores que desde la banda muestran su insatisfacción por lo que ven en el terreno de juego. Los árbitros cuentan con un chivato, un acusica que en vez de templar gaitas cuando un técnico se pone de manos advierten a su jefe de que hay protestas.

El Sánchez Martínez murciano tiene en Murcia la figura de un tal Ferrete nombre que quedó en Valencia como insulto para quienes se salían de madre. Guruceta quedó como nombre de protesta en Barcelona, pero hubo un tiempo en que el extremeño Sánchez Ibáñez, y el sevillano también apellidado Sánchez sentaron plaza de árbitros listos. Pitaban numerosas faltas a favor del equipo de casa con lo que evitaban que sus ataques progresaran y el favorecido recompusiera su defensa. Los púbicos no se percataban de que ello mera estratagema que favorecía al adversario. Pascual Tejerina pitó un penalti en Córdoba que transformó en gol Fermín, jugador cedido por el Madrid, y que privó al Barça de una Liga. Al Atlético le hicieron perder un campeonato cuando llevaba varios puntos de ventaja (Tal vez ocho). Uno de los genios que dirigen el colectivo arbitral, el asturiano Manuel Díaz Vega, pitó el final del partido en Pamplona cuando el jugador del Valencia, Fernando disparó un balón que acabó en las mallas osasunistas. Silbó con la pelota en el aire a pocos metros del marco.