Cristiano, bomba de relojería en el vestuario

Cristiano ha puesto una bomba de relojería en el vestuario del Real Madrid. Se conocía que es propietario del mayor ego que ha habido nunca en el club. Se sabía que presumía de ser más guapo, más rico y poseedor de condiciones futbolísticas admirables. Se constataba también su capacidad para la estupidez, la presunción y los deseos irrefrenables de que se le dore la píldora. Que se le reconozca como el mejor jugador del mundo, que en el club se le consientan todo. En el campo tiene tendencia a ser provocador ante contrarios a quienes desprecia porque ganan menos y tienen menos títulos y están en equipos inferiores. Se le ve reprender a sus compañeros si no le pasan el balón y pretende dirigir el juego por encima del árbitro. Cristiano es, en opinión de más de un madridista, tonto para vender arena. Su calidad como futbolista, que es grande, está por debajo de su capacidad para ser humano de carne y hueso.

Ha cometido el mayor de los errores. Ha ninguneado a sus compañeros. Ha dicho, sin ruborizarse, que si todos fueran como él el equipo sería el primero. Ha puesto a caer de un burro a jugadores que no tienen su nombre. Si no juegan los mejores dijo que el equipo es simplemente, una mierda. Ha proclamado que en el grupo no hay futbolistas de su nivel. Ha convertido el vestuario en profundo malestar. Aunque su representante hay pretendido mediar en los medios informativos para que se le disculparan sus afirmaciones, no hay matizaciones que valgan. Ni el más profundo canto de la palinodia le va a librar del resquemor de futbolistas que sin ser los mejores tratan de justificar su fichaje con la mejor de las voluntades.

Los datos sobre su excelso nivel también tienen rebajas. Es bueno, pero también comete errores y no siempre es capaz de resolver un partido cuando vienen mal dadas. Su record de ineficacia en los lanzamientos de tiros libres es mundial. Nunca ningún jugador madridista tendría la osadía de ser siempre el lanzador de las faltas después de su porcentaje de errores. Su obsesión por mejorar cuanto hace Messi le ha llevado a ser lo que en el juego infantil se considera un maleta cuando se cometen fallos como los suyos.

Cristiano no es el jugador en quien hay que depositar todas las esperanzas para ganar partidos decisivos. Nunca contra los mejores. Fuera de casa parece ser víctima de un maleficio a pesar de que marcó en Roma. En los viajes se suele dejar la pólvora en Valdebebas. El Madrid ha sufrido dos grandes afrentas en el Bernabéu: 0-4 contra el Barça y 0-1 contra el Atlético. ¿Dónde ha estado Cristiano en ambas ocasiones? Su nivel contra los mejores no es el de las grandes inundaciones.

Posdata. Di Stefano, el más grande de su época, nunca despreció a sus compañeros.