El Madrid, contra la libertad de expresión

El Real Madrid no es partidario de la libertad de expresión. La coarta. La persigue, trata de eliminarla. El sábado, cuando acabó el partido con el Atlético, además de flamear de pañuelos hubo silbidos y gritos pidiendo dimisiones. Era la manifestación libre de los espectadores, de los socios madridistas. Ante tal actitud el club echó mano de lo que tenía a próximo. Para reprimir a los espectadores no se puede recurrir a los grises, pero sí a los altavoces. Para acallar los gritos de descontento el operador de cabina puso el himno de “las mocitas madrileñas” a tal volumen que ni siquiera se pudo evitar en las cabinas de retransmisión de las emisoras de radio y televisión. Se oyó a varios centenares de metros a la redonda. Fue atronador su volumen y con ello se dejaron de oír las expresiones de disconformidad.

Florentino Pérez no era partidario de “las mocitas madrileñas” y por ello, con motivo del centenario de la entidad, pidió un himno que se pretendió menos rustico, menos populista, más elitista. Lo compuso José Cano, quien mamó el fútbol en Mestalla, y puso la voz el madridista y aspirante a alcalde de Madrid por el PP, Plácido Domingo. Tal himno no ha calado. La gente sigue pegada al ¡hala Madrid! que cantó José de Aguilar. Ahora, la copla se usa con fines benéficos, es decir, a favor de la directiva.

Perdió el Madrid la Liga y casi la vergüenza deportiva al caer ante el Atlético que es simplemente un equipo, es decir un conjunto, un once solidario que se emplea con sus mejores fuerzas para suplir las carencias de calidad que tiene en algunas zonas del campo.

El Madrid, compuesto por once individualidades sigue sin emocionar a los suyos. No lo hace por buen juego y en este momento tampoco le acompañan los resultados ligueros. El dulce encanto del zinedismo ha desparecido casi como por encanto. La plantilla no fue preparada adecuadamente como denunció hace un mes Modric, quien dijo que en la pretemporada se volaba más que se entrenaba. Y ahora se ven las consecuencias.

El club es el más rico del mundo, pero sus seguidores prefieren menos dinero y más bemoles. La grada ya ha comenzado a dictar sentencias. El primero ha sido James que, al parecer, según las lenguas de doble filo, no era bien tratado por Benítez. De Cristiano hablaremos mañana. Merece capítulo aparte.
Posdata. Echar al entrenador suele ser grave error. Florentino tenía el parapeto de Benítez. Hoy está a la intemperie.