Gol en Roma y abrazos a todos

A Cristiano no le gustan los zalameos de los barcelonistas. Aborrece los besitos, los abrazos y los compadreos de los futbolistas del Barça. Según él, lo importante es lo que sucede en el césped. Y ocurrió que en Roma hizo un gol cuando había sido acusado de no marcar fuera de casa, y en los partidos importantes, y su celebración fue al estilo que denostó. Se fue directo a Zidane, se abrazó a él y a todos sus compañeros. Faltó que diera besitos al personal auxiliar de la plantilla.

Cristiano no se ha distinguido por parlamentar con los medios informativos. En general los ha mirado siempre de reojo. En los últimos días sus apariciones no han sido para celebrar. No ha soportado con buen talante que se le requiera para dar explicaciones. Es evidente que, en ocasiones, las preguntas le suenan a insinuaciones sobre sus relaciones con los jugadores el Barça. Acertó cuando insinuó que en el ya famoso penalti la intención real era favorecer a Luis Suárez en la tabla goleadora.

A Cristiano, de ego subido, le agrada que le toquen las palmas. Es lo que han hecho los medios informativos de Madrid desde que llegó. No se le pueden restar méritos, que los tiene sobrados, pero no está acostumbrado a que le planteen dudas y de ahí que cuando tal sucede se encocore.

En sus primer año puso pies en pared porque Sara Carbonero, entonces periodista, dijo en la televisión algo sobre sus actitudes que no le gustó y Casillas tuvo que salir al quite. Rafa Benítez no proclamó por tierra mar y aire que es el mejor jugador del mundo y de ahí partieron sus diferencias. Benítez tuvo que salir a rectificar cuestión que sonó a ridiculez, a bajada de pantalones. No obstante, no encontró el perdón de su pecado.

Zidane ha sido más listo y lo ha puesto en los altares desde el primer instante. Ello le ha granjeado las simpatías y el cariño de Cristiano. Tal vez por dorarle la píldora fue a darle un abrazo en el Olímpico de Roma. Probablemente, la labor de los entrenadores también consiste en tener mano izquierda y dar a cada uno el trato que le hace feliz. Cristiano debe ser algo infantil y por ello requiere carantoñas para que en el campo se sienta importante y responda de acuerdo con sus mejores virtudes. La falta de comprensión es lo que tal vez, en plena depresión, le hacía ir en su avión privado a Marruecos a visitar a un amigo boxeador que seguramente le entendía mejor que Benítez. Con Zidane hay armonía. Cristiano vuelve a sonreír y de ahí su fantástico gol en Roma. Y la eliminatoria, de cara. Muy de cara.

Posdata. El Barça necesita un entrenador que enseñe a tirar penaltis. De manera directa también los falla Suárez.