Velázquez, pionero entre los número 10

Velazquez

En Málaga donde residía desde hacía años, falleció Manolo Velázquez uno de los jugadores de más calidad que ha tenido el Real Madrid. Fue un adelantado en dos aspectos: estudió, tenía conocimientos culturales, hablaba inglés y practicaba el fútbol que en aquellos años eran casi novedad. En realidad quienes jugaban como Velázquez eran adelantados y tal vez por ello, por estar alejados de los tópicos de su tiempo, tenían poca cabida en la selección nacional. Un futbolista que en los años sesenta estaba más cerca del juego de los “jugones” actuales que del fútbol caracterizado por la furia, de tan poco rendimiento internacional, solamente compareció en diez ocasiones en el equipo nacional.

Velázquez perteneció a una clase de la que fue ejemplo Luis Suárez, el único español de nacimiento con el Balón de Oro, y escuela en la que coincidieron futbolistas como él, Luis Aragonés y Marcial. Eran jugadores que tenían en su ADN el gen del fútbol conceptual, del juego en el que servía más pensar que correr desaforadamente y sin meta a la que llegar. Era de los que tocaba el balón con mimo. Desafortunadamente, muchos de cuantos acariciaron el balón en lugar de propinarle punterazos, tuvieron serios problemas para convencer a los públicos. Hoy han cambiado los gustos y por ello merece la pena recordar y ensalzar a quienes fueron pioneros del espectáculo en el que un Xavi recibe tantos parabienes como un goleador.

Manolo llevó en su camiseta el número diez que entonces ya era símbolo de una determinada condición futbolística. En el club no gozó siempre de grandes aprecios. En tiempos en que los futbolistas no tenían ni siquiera libertad para cambiar de club porque estaban sometidos al llamado Derecho de Retención, Manolo era jugador con ideas propias. Ello no gustaba en el Madrid. Bernabéu no soportaba jugadores capaces de opinar en contra de una decisión del club o simplemente tenían la osadía de hacer preguntas.

En una concentración en Atenas, Bernabéu insinuó que De Felipe, que había estado lesionado, no se había comportado correctamente. Manolo le dijo que lo correcto era esperar a que el afectado diera su versión. Nada en adelante le fue favorable. Hasta se buscó jugadores que pudieran suplirle. En un viaje desde Budapest donde Iberia recogió a la expedición del equipo que había jugado en Belgrado y eliminado en los penaltis, el avión llegó con los diarios del día y en ellos las crónicas del partido. Leyó la mía del “YA” y enfureció. Manolo se acercó a mi asiento y me recomendó que fuera al cuarto de baño para evitar la bronca de Bernabéu. No lo hice, aguanté en mi asiento y el presidente me dirigió todo su discurso y enfado sin mencionarme aunque toda la expedición se percató de quien era el receptor de la bronca. En pleno discurso, el presidente remató alabando a los jugadores que habían sido eliminados y, además, le prometió que cobrarían la prima como si hubieran vencido. Hubo quien me agradeció que hubiera propiciado tal regalo. Cuando don Santiago se calmó y volvió a su asiento Velázquez me volvió a hablar:

-Discúlpale es un señor mayor.

No he olvidado nunca al jugador y mucho menos al hombre. Descanse en paz un gran futbolista y excelente caballero.

Sobre el autor de esta publicación