Florentino no cantó la palinodia

Florentino Pérez creyó en su día que salvar al club de la ruina en la que le habían metido sus antecesores era razón suficiente para que los socios le bendijeran. Florentino creyó desde el comienzo de su gestión que en su equipo debían jugar los mejores el planeta y por ello disparó con pólvora de rey para firmar los traspasos más costosos de Europa. Florentino quiso transformar el club en una institución industrial. Su obsesión fueron las figuras mediáticas, la popularidad en medio mundo, la conquista de los mejores mercados con su mercadotecnia y el contrato con futbolistas vendedores de camisetas. Su gestión ha sido beneficiosa para el club, pero los dineros que se han manejado no han estado acordes con los resultados deportivos. Tras su primera etapa se vio obligado a dimitir a pesar de haber conquistado siete títulos. Pero la historia, incluida la décima Copa de Europa, es inmisericorde cuando se juega contra el Barcelona, el gran adversario, y se sufre la mayor humillación de la historia de estos enfrentamientos. Más grave que el 0-4 fue el chorreo, que padeció a la vista de millones de espectadores de todo el mundo. Y Florentino no cantó la palinodia.

Nunca jamás el Madrid venció al Barcelona de manera tan rotunda. Nunca tampoco el Barça había ejercido tal superioridad sobre el césped. El 2-6 con la época de Guardiola y ni siquiera el 0-5 con Cruyff en el equipo, fueron tan apabullantes El Madrid se pasó el partido persiguiendo sombras, buscando un balón que pertenecía al adversario. Era como el boxeador que está tocado y lanza golpes al aire sin hallar al contrario. En el fútbol no existe la decisión de arrojar la toalla y era lo que habría convenido al Madrid cuando hasta el silbado Piqué estuvo a punto de marcar la quinta diana.

Florentino salió a la palestra por dos cuestiones: refrendar el apoyo al entrenador, cuestión que puede variar aunque el equipo ya tiene el pase a la siguiente fase de la Liga de Campeones, y a denunciar una supuesta campaña contra el club y él mismo. Florentino, que siempre ha tratado de ser ponderado en sus manifestaciones, se plantó ante los informadores con el dolor de la derrota, y la ira mal encajada, por las actuaciones de futbolistas y críticas de los informadores. El presidente madridista con sus palabras delató el malestar interno y la falta de costumbre de recibir críticas adversas. El Madrid no tiene costumbre de la derrota y mucho menos de las discrepancias de los medios. En la casa siempre se ha contado con el suficiente número de adictos para solventar ocasiones problemáticas. Ahora, que el número de fervorosos seguidores es la mayor que se ha conocido, han dolido más las crónicas porque se esperaba más complacencia a pesar del dolor sufrido.

Florentino se equivoca al pensar que existe lo que antaño se llamaba campaña judeomasónica contra la institución y quien la preside. Es cierto que en el Bernabéu no goza de las simpatías de los ultras porque les negó sus viejos privilegios. Es el mismo grupo partidario de Mourinho y vapuleador de Casillas. Esta vez le ha tocado el turno al presidente.

Es erróneo considerar que toda la animadversión centrada en el “Florentino dimisión” parte fundamentalmente de los ultras. La bronca del Bernabéu fue coral. Los pañuelos afloraron en todas las zonas del graderío. Ante situación tan compleja la mejor decisión fue mantener la fe en el entrenador. Éste es siempre la cabeza de turco que cae antes que el presidente. Es su salvaguarda. El dirigente, para mantenerse, necesita quien le proteja y ese es Rafa Benítez. Está el primero en la línea de salida.

Posdata. El Madrid es el club más rico del mundo y ello no basta. Lo certificó el Barça.