“La Marsellesa”, bálsamo en el fútbol

Confieso que he visto muchísimas veces “Casablanca” y cada vez que oigo cantar “La Marsellesa” en el café de Rics me emociono. El himno francés ha sido cántico de libertad. Incluso para los españoles que pasaron por los campos de concentración tras la guerra civil. Francia fue lugar de acogida. Su himno ha sido, en numerosas ocasiones, banderín de enganche para rebelarse contra la injusticia. Oír como la cantaban los franceses que salieron del estadio de Saint Denis cuando fuera ya había muertos, fue tan emocionante como la secuencia en que los franceses hacen callar a los nazis del café.

Más emotivo aún fue el canto general en el estadio de Wembley donde los ingleses se unieron al dolor francés con unas estrofas que jamás habrían pensado que entonarían. Dos países, que no siempre han caminado juntos, se cogieron de la mano para ponerse a favor de la paz y contra el terrorismo. Dos países que en otra ocasión habrían convertido el partido de futbol entre sus dos selecciones en una lucha propia de rivalidades que van más allá de las futbolísticas, acudieron a Wembley hermanados. El público se sintió cerca de los visitantes tanto como de sus propios jugadores. El fútbol, al menos en esta ocasión, sirvió como bálsamo. Lo ha sido también en otros momentos históricos, pero en la presente ocasión lo ha hecho con televisión en directo y en color. Imposible olvidar.
La suspensión de los encuentros Bélgica-España y Alemania-Holanda lanzaron la sospecha de que también podían aplazarse otros. En España surgió la duda respecto del gran duelo del sábado en el Bernabéu entre Madrid y Barcelona. No hay por el momento indicios razonables de que pueda ocurrir una desgracia. Hay conciencia de que toda clase de fuerzas para mantener el orden vigilaran la entrada del estadio. Habrá tres cordones de seguridad. Se ha forzado toda preocupación por esta confrontación como si para la opinión pública no contaran otros enfrentamientos. Todos los estadios tendrán vigilancia especial y con ello se solventará la jornada.

El miedo al terrorismo existirá siempre. Habrá que seguir tomando precauciones porque las concentraciones de masas como son los estadios son punto de mira para los desalmados. Suspender partidos sería darles una victoria que no han conseguido. También el deporte tiene que estar por encima de todo tipo de terrorismo. Se supone que habrá minutos de silencio y brazaletes negros. Habrá también quien entone La Marsellesa. Hay otro himno que se puede hombrear con el nacional francés: “Le chant des partisans” que tan emotivamente interpretó Ives Montand. Fue el canto de la resistencia. Y en ello estamos. No hay que dar satisfacciones a los terroristas.

Posdata. En el Bernabéu se tratará de evitar que algunos culés acudan con cuatribarradas esteladas.