El peligro de atentado suspende el Bélgica-España

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El partido Bélgica-España fue suspendido en la noche del lunes porque las autoridades del país consideraron que existía peligro de atentado. Todas las medidas previstas para evitar una repetición de lo sucedido en París no bastaron para que se tuviera la mínima seguridad. Ante tales perspectivas, lo razonable era anular el encuentro y así se hizo. Los belgas, ahora que momentáneamente ocupan el primer puesto de la clasificación de la FIFA, no pudieron demostrar ante la actual campeona de Europa los méritos a que se han hecho acreedores. La Roja tampoco pudo mostrar la superioridad que ante Inglaterra le permitió obtener un triunfo más.

Un partido de fútbol puede ser campo minado. Es muy complicado evitar que un individuo entre en el graderío con una carga explosiva. La detonación de la misma, aunque su onda expansiva no ocupe demasiados metros cuadrados, puede producir mayores males por los movimientos desesperados de los espectadores. Ya sucedió algo parecido, y sin individuos kamikaze, en el propio estadio de Heysel, que hoy lleva el nombre del rey Balduino, en los minutos previos a la final de la Copa de Europa entre Liverpool y Juventus. Entonces murieron 39 personas en la avalancha de un graderío. Una situación de pánico, con los acontecimientos de París tan recientes, podía haber sido una de las mayores catástrofes de los recintos futbolísticos, que ya cuentan en su historial con grandes tragedias y no por explosivos, sino por estallido anímico de los espectadores.

La selección española llegó a Bruselas con estrictas medidas de protección. Ni siquiera jugadores, directivos y periodistas pasaron por la terminal. Recogieron sus maletas en la pista y directamente se acomodaron en un autobús en el que había dos policías españoles. Los belgas pusieron varios coches protectores y en el hotel hubo muralla policial para evitar cualquier incidencia.

Las autoridades belgas están detrás el único terrorista que escapó de París y se teme que se haya escondido en los alrededores de Bruselas donde la población musulmana es grande. No se trataba esta vez de denominar partido de grave riesgo como sucede cuando se enfrentan equipos con seguidores proclives a los enfrentamientos. En esta ocasión, el enemigo no llevaba camiseta identificativa. El peligro parecía evidente y en este caso lo prudente era suspender el encuentro. París no estaba en la memoria sino en el presente. Heysel si era recuerdo dramático. No era el lugar para llenar los graderíos con el mejor de los estados anímicos.

Posdata. La Liga española vivirá este fin de semana condicionada moralmente por el terrorismo sufrido por los parisienses. El Madrid-Barça no llega con los entusiasmos anteriores.

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