Del Bosque y Benítez, estilos diferentes

delbosque12_recortada

El partido de la selección española de fútbol en Kiev era a beneficio de inventario. Sirvió para que hubiera baile de debutantes y para que los amantes de las estadísticas echaron cuentas. En Kiev era irremediable que desde el punto de vista español se recordara la conquista de la Eurocopa con el 4-0 a Italia. En Kiev es inevitable recordar aquél partido que durante la Guerra Mundial sirvió para que futbolistas ucranios humillaron a un conjunto alemán y cuya consecuencia fue el fusilamiento de quienes habían tenido la osadía de vencer a un grupo de nazis, raza superior.

Conseguido el objetivo de la clasificación para la defensa del título europeo, a Del Bosque no se le podía ocurrir otra salida que dar oportunidades, probar a jugadores con futuro. Independientemente del resultado, lo que el seleccionador pretende constantemente es crear espíritu de equipo convoque a quienes convoque. En su intención está también satisfacer a jugadores con quienes tal vez tenga que contar cuando el compromiso sea más trascendental que el de Kiev.

Del Bosque pertenece a la estirpe de entrenadores, que antes fueron cocineros antes que frailes, que intentan mantener un grupo cohesionado. Los técnicos se la juegan cada día con los resultados, pero también con el ambiente del vestuario. Sucede ahora que Rafa Benítez, que es más tecnócrata que Del Bosque o el siempre recordado Luis Aragonés, lleva cuatro días en el Madrid y ya ha tenido que pasar por la humillación de tener que rectificar unas declaraciones para magnificar la figura del niño bonito de la plantilla. A Benítez le han obligado a cantar las glorias de Cristiano y, pese a ello, no ha logrado granjearse el aprecio del ídolo.

Benítez es de la escuela tradicional del Madrid, pero fuera de la Casa Blanca ha pretendido transformarse y su prestigio, bien ganado, corre el peligro de que ruede por los suelos antes de lo previsto. Benítez se crió en el Madrid, como Del Bosque, pero mientras éste ha mantenido actitudes similares a las de Miguel Muñoz o Luis Molowny, a él le ha parecido más propio recurrir a nuevas fórmulas.

A Del Bosque, que tiene asegurada la permanencia en la selección mientras lo desee, ya le están planteando planes sucesorios. Ya se barajan candidatos. Para suplir a Benítez, con contrato por tres años, aún no se está en el mismo caso. Pero tiene espada de Damocles amenazándole.

Sobre el autor de esta publicación