Benítez, acosado por los egos

Rafa Benítez

Rafa Benítez se ha visto obligado a firmar la paz con Sergio Ramos tras comentar ante los medios informativos que le había dolido el error del defensa en el Calderón y que costó un penalti que, afortunadamente para su equipo, no fue gol porque Keylor Navas lo evitó. Al entrenador madrileño, con pedigrí madridista, le está costando convencer a los jugadores de que sus doctrinas futbolísticas van a misa. En el vestuario no tiene buen ambiente y por segunda vez se ha visto obligado a rectificar para que el incendio no haya ido a más.

Benítez, por lo visto, está obligado a proclamar cada vez que se le pregunta, o viene al caso, que Cristiano es el mejor jugador del mundo. No dijo esto la primera vez que le preguntaron su opinión y dadas las características del niño portugués atendió la recomendación de cambiar y dorarle la píldora. Es cierto que Cristiano atesora la gran calidad de los goles, pero su ego está muy por encima de su propia condición deportiva. En el primer año de su presencia en el Madrid, un comentario de Sara Carbonero en televisión obligó a su novio, Iker Casillas, a salir a la palestra para aplacar al muchacho que puso pies en pared.

Cristiano tiene que ser constantemente aplaudido. Tiene que ser mimado por la gente de casa y por aficionados y medios informativos. Nunca jamás ha habido en el Madrid un individuo de similares características humanas. Alfredo Di Stefano, que en su época no tuvo quien le tosiera, ni osara compararse con él, nunca alcanzó tal ego. Por consejo de Santiago Bernabéu, durante un año, se movió por Madrid con un seiscientos para que nadie pudiera verlo como un privilegiado. Di Stefano tuvo chalé en El Viso y en la puerta de casa le hizo un monumento a la pelota con esta inscripción: “Gracias vieja”. Cristiano sólo puede pensar en que el monumento sea él.

A Benítez sólo le faltaba que Ramos le saliera respondón. Es otro que no tolera la mínima duda sobre sus excelencias. Se ha pasado el verano insinuando su salida del club, artimaña que le ha proporcionado notable mejoría en su contrato, y ahora, subido ya en su podio, no tolera que ni siquiera su entrenador comente su metedura de pata en el Calderón.

Del vestuario madridista ya ha salido una opinión poco laudatoria para el entrenador. “Es como Mourinho, pero en coñazo”. No gustan sus métodos. No complacen los tacticismos de Benítez. “Esto parece un cuartel” y frases similares han salido de boca de jugadores y empleados de Valdebebas.

Posdata. Mucho tendrá que ganar Benítez para poder cumplir su contrato de tres años. A Ancelotti no le salvó la décima Copa de Europa.

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