Los entrenadores de la élite, amenazados

Unai Emery

Han bastado siete jornadas de Liga para que las amenazas a los entrenadores sean varias y variadas. Para los de debajo de la tabla no puede ser novedad que se les discuta. Los resultados son más amenazantes que los disgustos de los dirigentes, las discrepancias de los aficionados o los medios informativos prestos a anunciar guillotinas. Sin embargo, en la presente temporada han sido técnicos de los equipos de la elite quienes han estado o están en la picota. El último en entrar en la cuenta de amenazados ha sido el madridista Rafa Benítez a quien el empate del Calderón le ha caído casi como condena.

A Unai Emery, flamante campeón de la Liga Europa, se le puso la Liga a contrapelo y en Nervión comenzaron a restarle méritos. Vencer al Barcelona le ha devuelto prestigio y ha ganado tranquilidad. Valverde no levantaba cabeza en España y Europa y derrotar al Valencia le ha servido para levantar la moral. San Mamés lo ha vuelto a bendecir.

Nuno, entrenador del Valencia, antes también Espirito Santo, ya no goza de más estima que la del dueño del club y su representante en la tierra Jorge Mendes. Al club de Mestalla lo han llenado de jovenzuelos para experimentos sin gaseosa. Se trata de intentar que alguna de las piezas del club Lim-Mendes triunfe y les pueda proporcionar buenos réditos. Mestalla ya le canta a Nuno de aquello de “vete ya”.

Luis Enrique tiene la coartada de los problemas de la plantilla y el añadido de las graves lesiones de sus hombres más importantes. Aún le queda confianza en el graderío ma non troppo. Simeone ha contado con el placet de la hinchada colchonera y todos los predicamentos favorables se le pueden convertir en lo contrario porque el equipo no se parece al de años anteriores. Sólo en los últimos minutos contra el Madrid apareció el genio, la convicción de que la victoria era posible y ello le proporcionó media indulgencia.

Rafa Benítez tiene a su favor un contrato por tres años que es garantía de que en el peor de los casos se puede dedicar un tiempo a la meditación y la vida contemplativa. Por el Bernabéu han pasado grandes entrenadores cuya silla ha estado llena de clavos como las de los faquires y de ahí que hayan salido escaldados aunque con la faltriquera llena. No es por poner ejemplos, pero Pellegrini es un gran técnico y no tuvo tiempo para lucirse. Carlo Ancelotti, además de no quedarse en blanco en lo que a títulos se refiere, demostró señorío y mano izquierda para dirigir un vestuario repleto de egos. A Benítez no basta con predicar que Cristiano es el mejor del mundo. En la caseta ya hay roces.
Posdata. Las lesiones han convertido la llamada de Del Bosque para La Roja en una operación de rebajas.

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