El Elche, descendido en un juzgado

El Elche se ganó deportivamente la permanencia en Primera división y ha sido descendido a Segunda. El Eibar perdió la categoría en la competición y no ha llegado a volver a Segunda porque una juez ha decidido que el Elche pagó con retraso a Hacienda y ello le invalida para seguir en la élite. Lo que no se ha podido saber por el momento es el número de clubes de Primera que tiene cuentas pendientes con la Agencia Tributaria y no las han satisfecho.

Era preciso imponer una norma mediante la cual los atropellos económicos de los clubes fueran desapareciendo. En los últimos años, afortunadamente, el sistema pactado entre el Consejo Superior de Deportes y la Liga de Fútbol Profesional ha posibilitado que las deudas con Hacienda y Seguridad Social se vayan reduciendo cada temporada.
El fútbol profesional no es excepción en el deporte español puesto que no hay rincón en el que no se hallen desafueros económicos. El fútbol, por su popularidad y trascendencia social, obtiene ventajas que en otros ámbitos no se conceden y de ahí que para detener el deterioro económico de los clubes haya sido necesario imponer medidas drásticas con el fin de encauzarlos. Los clubes de fútbol son imagen que cívicamente conviene potenciar.

El descenso del Elche, que ha pagado lo que debía, ha de ser auténtica bofetada para la ciudad. Es difícilmente digerible que se consume un descenso de quien paga y se gana el puesto en el terreno de juego. En esta ocasión hay tantos ribetes de injusticia deportiva como deseos implacables de aplicar una norma de manera estricta. El Elche ha sido el primer club sancionado por no acudir al cumplimiento de la norma en la fecha estipulada. Tal vez se podía haber concedido una moratoria hasta comprobar que lo que se prometía se cumplía. Ahora, con este caso, se abre la oportunidad de extremar la vigilancia futura para que no se pueda hablar de distintas varas de medir.
Posdata. Los profesionales están obligados por ley a jugar con las selecciones nacionales. Se juegan una sanción. No es el dinero lo que impulsaba a Guardiola.