Un acierto para tapar un error

Rafael Benitez

Rafael Benítez podría decir aquella frase tan manida de que la ilusión de su vida era entrenar al Real Madrid. Podría pronunciar tal afirmación porque, aunque haya entrenado en cuerpo y alma a otro equipo, siempre se ha sentido madridista. Llega al Bernabéu tal vez en un momento en que el club no puede ponerle alfombra roja porque no ha podido clasificar al Nápoles para la Liga de Campeones. Florentino Pérez siempre ha pretendido tener figuras mediáticas en el club y Rafa no está en su mejor momento. Ello no es óbice para que su contratación sea acertada tras el desafuero de despedir Carlo Ancelotti.

El fichaje de Ancelotti fue deslumbrante. Los medios informativos dedicarán toda clase de elogios al hijo pródigo y, sin embargo, no serán tantas las emociones como la de haber fichado a una estrella europea de mayor relieve como fue el decapitado. Benítez, pese a todo, debe considerarse un acierto. Al menos, hasta el momento en que no gane todos los títulos y ello le lance a la calle.

Ancelotti llegó en momento poco propicio porque su primera labor fue apagar el incendio del vestuario. Su antecesor consiguió dividir a la plantilla y hasta sembró cizaña en el graderío. Carlo trajo la paz y de ahí que se haya ido con el cariño de los jugadores. Trajo la paz y la “Décima”.

Rafa no tiene necesidad de templar gaitas porque ya están afinadas. Tendrá que gestionar con habilidad los egos y, por supuesto, deberá conformarse con los fichajes que le haga el club. En Valencia, donde ganó Liga y Copa de la UEFA, tuvo más acierto como entrenador que como empleado del club. En Madrid aquello de ciscarse en las labores de la directiva no se lo pasarían. En Mestalla tuvo discrepancias sobre cómo le habían amueblado el equipo. Aquí no ha lugar a decir que no le gusta el color del sofá. En el Bernabéu la sala de estar se la decoran los demás. Y sobre ello, ni mu.

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