El Madrid no precisa milagros

Keylor Navas y Chicharito se arrodillan en el césped antes del comienzo del partido y rezan. Hay que suponer que no lo hacen para pedir un milagro porque su equipo no necesita de tales influencias ya que en la mayoría de ocasiones es muy superior al adversario. Las plegarias de Keylor y Chicharito tardaron en surtir efecto porque el primer gol no llegó hasta el minuto 45 y el segundo en el tercero de la segunda parte. Este fue en propia puerta y Cristiano tuvo el buen detalle de señalar que no había sido cosa suya.

Cristiano sí debería encomendarse a algún santo para que le ayudara a marcar goles en los libres directos. Un jugador como él, con tanta facilidad para batir a los guardametas contrarios, jugador sobrado de facilidad para rematar a puerta, posee un porcentaje humillante en los lanzamientos. En el Madrid, seguramente, hay más de uno, Sergio Ramos, por ejemplo, que tienen mejor puntería en estos casos.

Carlo Ancelotti no ha sido muy partidario de las rotaciones y ello podría ser consecuencia de alguna lesión y de la escasez de fuerzas de algún jugador. Contra el Almería recurrió a dar oportunidades. Además de Keylor, que está para festejos menores, alineó a Jesé, Illarramendi, Arbeloa y Coentrao. Con este remiendo le sobraba para derrotar a un equipo que está con el agua al cuello. Sin embargo, el fútbol que practicó el conjunto almeriense no es propio de un candidato al descenso. Con una campaña similar a lo que se le vio en el Bernabéu estaría asentado en la zona media.

El Almería manejó el balón con claridad y no renunció al taque en ningún momento. No puso en apuros Keylor, pero si llevó al Madrid a su campo en demasiados minutos. Hemed, Corona, Verza y Thomas crearon jugadas propias de equipo con más aspiraciones que las de salvarse del descenso.

Acabó imponiéndose el Madrid con un disparo fantástico de James y un tanto afortunado en propia puerta. Después, aunque el público llegó a enfadarse con el equipo, el resultado no podía tener otro cambio que no fuera el que favoreciera a los anfitriones. El tercer tanto sirvió para que Cristiano se enfadara porque el autor fue Arbeloa y no él. El portugués es demasiado ambicioso y, a veces, poco solidario con sus compañeros.