Isco y Neymar, juego de egos

Isco

Era previsible que Isco se sintiera incómodo desde el momento en que reapareció James y le tocó volver al banquillo. Era normal aunque inesperada, la reacción de Neymar al ser sustituido en partido en el que había marcado un gol. El brasileño jugó todos los minutos del Parque de los Príncipes donde volvió a apuntarse un tanto. Esta vez, Luis Enrique no lo relevó. Isco es consciente de que no tiene asegurada la titularidad porque en la zona media no puede suplir a Modric, que ha vuelto en plenitud, ni a Kroos y mucho menos a James que es quien le ha relegado. En el Madrid se considera innegociable la alineación de Bale, Benzema y Cristiano y por ello al malagueño comienzan a silbarle los oídos. Ante tal situación hay quienes le auguran grandes fichajes en otros lugares.

Neymar tiene asegurado el puesto salvo terremoto. Sólo si cometiera actos de indisciplina importantes Luis Enrique le relegaría. Neymar juega con la ventaja, respecto de Isco, de que ha costado lo que no estaba en los escritos oficiales y no hay otra salida que tratar de justificar el desembolso. Un presidente ha tenido que dimitir y tanto éste, Rosell, como sus sustituto, Bartomeu, están amenazados con la cárcel. Sería impensable que llegara el entrenador y se ciscara en los dirigentes. Aunque sólo fuera por ellos mantendría a Neymar.

Luis Enrique se atrevió a tocarle los costados a Neymar, pero Ancelotti nunca cometerá el error de dejar en la caseta a uno de los tres de la fama. Cristiano tiene ganado el cielo madridista, Bale ha costado riñón y medio y también hay que rentabilizar su contrato. Y Benzema ha sido siempre el delantero preferido de Florentino Pérez. Y con razón cuando lo comparaba con otros miembros de la plantilla.

De Ancelotti se ha dicho que tiene bendito problema por tener que elegir entre tantas ilustres estrellas. De Luis Enrique se han censurado sus decisiones en lo tocante a los relevos. Con todo, el principal problema de ambos técnicos reside en el control de los egos. Vestuarios con tantos que quieren ser protagonistas de la película suelen ser polvorines y, de vez en cuando, estallan.

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