La herencia está agotada

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Vicente del Bosque no hizo la revolución cuando tomó posesión de la selección nacional y acertó. Luis Aragonés le dejó en herencia un equipo muy cuajado y con una idea bien definida. Aquella España sabía cómo tenía que jugar. Del Bosque, con buen criterio, hizo lo más razonable: no romper nada. Mantener el toque, dejar el mando del juego en jugadores como Xavi era lo más recomendable. Aragonés había ganado la Eurocopa con un equipo del que Del Bosque solamente prescindió del jugador del Villarreal, Marcos Senna, por Xabi Alonso, a quien dio puesto de mando junto a Xavi. Todo fue viento en popa mientras el equipo estaba tan bien armado que únicamente admitía cambios obligados por lesiones. Las nuevas incorporaciones llegaban con el mismo ADN. La herencia parece agotada.

A Del Bosque, acabado el ciclo le toca cambiar, incorporar nuevos jugadores y sucede que los recambios son muy complicados porque no existen los dobles de Xavi, Xabi, Villa y Puyol. Lo más parecido a Iniesta sí puede ser Isco y a partir de ahí toda novedad es incierta.

Las gentes del fútbol no suelen tener memoria. El laureado entrenador que ganó el Mundial y una segunda Eurocopa y hasta fue elevado al marquesado es hoy carne de cañón. Las últimas derrotas lo han puesto en la picota. Se está esparciendo la teoría de que la culpa de los resultados adversos es suya. Es injusto cargarle del decaimiento. La selección ha cubierto una etapa que será muy difícil que se vuelva a dar.

Las dudas están llevando a hacer creer que tal vez sería conveniente cambiar de sistema. Por ahora aún se aguanta el toque porque hay jugadores válidos para ello. Se da la cruel circunstancia de que, ahora mismo, una encuesta entre aficionados confeccionaría una selección muy similar a la de Del Bosque. Los equipos españoles mandan en los torneos europeos, pero están llenos de futbolistas extranjeros. En realidad no hay mucho donde escoger.

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