La Roja ha perdido personalidad

El dulce encanto del toque duró menos de lo deseado. El juego preciosista del primer periodo se trocó en ramplonería en el segundo. Del juego de enlaces permanentes entre Isco, Silva e Iniesta se pasó a la pérdida de balones y los apuros para Casillas. El guardameta ucranio no sufrió durante la segunda mitad y, por el contrario, Casillas tuvo que detener tres balones que lo pusieron en aprietos. La Roja ha perdido mucha personalidad.

La selección dio muestras de escasa capacidad para defenderse de los ataques contrarios. Rotan sacó varios libres directos en los que buscó la cabeza de sus compañeros y los zagueros españoles se las vieron y desearon para evitar los goles. En cada una de las ocasiones la ocasión de gol fue evidente. Casillas estuvo vendido más de una vez.

Álvaro Morata, nuevo en esta plaza, aprovechó la primera ocasión y marcó su primer gol con la selección. Lo hizo al estilo de los viejos arietes. Tenía encima un contrario, pero en la lucha cuerpo a cuerpo supo buscarse la oportunidad para rematar aunque lo hizo incómodamente y cayendo al suelo. Morata reeditó la antañona estampa de los delanteros a los que conviene buscar para que acaben las jugadas. Un delantero de estas condiciones necesita tener detrás jugadores que le busquen y le proporcionen oportunidades. Los tuvo al comienzo del partido. El equipo, tras su lesión, acabó jugando con falso nueve, con Silva en busca de la pared decisoria.

La Roja, durante veinte minutos, volvió a ser la imagen del equipo que ganó dos Eurocopas y un Mundial cuando juntaron su imaginación Silva, Iniesta e Isco. Con los tres y la aportación de Jordi Alba hallaron en la banda izquierda constantes entradas aunque finalmente los pases del lateral los malbarataran los defensores ucranios.

Iniesta siempre tiene quien le escriba y le regale los oídos. Sus momentos más grises siempre han sido disculpados porque vivirá siempre con el recuerdo del gol de la final de Suráfrica. En el Barça lleva un par de temporadas en las que sólo tiene brillos esporádicos. Contra Ucrania reapareció el manchego de los grandes éxitos. De nuevo supo buscar el pase hacia el lugar del remate. Pero como en el Barça no aguantó todo el partido. Isco fue más consistente.

Ganar a Ucrania no era fácil. Su contragolpe se manifestaba con peligro y había que tener alerta todos los mejores sentidos para contrarrestar sus jugadas a balón parado en las que entraban en tromba y con la ventaja de varios jugadores de muchos centímetros y capacitados para el remate de cabeza. En esta especialidad fue Sergio Ramos el intérprete del cabezazo, pero la pelota se estrelló en la cruceta. Habría sido gol para aplaudir tanto como a cuatro verónicas y media de Curro Romero en La Maestranza.

El final fue angustioso. Las pérdidas de balón facilitaron la labor atacante de los ucranios que pusieron en evidencia a La Roja. El equipo ha perdido personalidad con las ausencias de Xavi, Puyol y Xabi Alonso.