Messi, el fútbol de fantasía

El gol y las grandes paradas de los guardametas son dos actos espectaculares que los públicos aplauden complacidos. Pero en el fútbol hay otras cosas más importantes. La imaginación, la creación de jugadas, los toques casi inverosímiles, los túneles al contrario, el pase matemático para que pueda seguir jugando un compañero y por encima de todo ello están las creaciones artísticas, las jugadas de fantasía que inventa Lionel Messi.

En el futbol se suele recurrir a la metáfora para comparar un hecho con algo que está en el conocimiento del público. Joaquín Domingo fue un billarista español campeón del mundo en la especialidad de la fantasía. Es decir, las carambolas en contra de lo habitual. Distintas de las que le ponían al felón Fernando VII. En el fútbol las carambolas no tienen buena crítica porque son golpes afortunados. La de fantasía, las que inventa Messi, está más allá de los adjetivos.

Messi marca goles en abundancia y sin embargo, para mí tiene más trascendencia en las jugadas en las deja atrás a varios contrarios, se zafa de ellos y pone el balón en condiciones de que un compañero marque. El tanto de Rakitic, hábilmente conseguido en disparo parabólico, tuvo la base del pase que Messi con suavidad, le mandó por encima de los defensores del City. Mereció palmas el remate del croata y, sin embargo, lo fantástico fue el modo en que Messi le regaló el gol.

Messi estaba ayer muy inspirado y no hubo adversario a quien no lo burlara y hasta le hiciera un túnel. Didí, campeón de mundo con Brasil en 1958, llegó al Madrid y en un entrenamiento Di Stéfano le hizo un caño y a continuación le espetó: “Che, compráte una sotana”. Ayer, en el Camp Nou hubiera hecho su agosto un comerciante de artículos religiosos. Pudo haber colocado varias sotanas. Algunas de estas jugadas rompieron el molde de las mismas.

Todo el encanto acabó en la segunda mitad en la que el Barça se relajó, jugó a medio gas y pese a ello creó unas cuantas ocasiones de gol que desaprovechó. Suárez y Neymar hicieron grande a Hart, portero del City. El Barça debió pensar más en el partido del domingo contra el Madrid y de ahí que perdiera velocidad e ímpetu. Gracias a Ter Stegen, que paró el penalti lanzado por Kun Agüero salvó el triunfo. Se perdió la goleada por la torpeza en los remates.