Una semifinal en medio partido

Todo lo importante ocurrió en medio partido. Cinco goles, un penalti que no lo fue y se transformó en gol, otro que no pitó el árbitro, más tantos que buen juego, el Barcelona sin balón, el Atlético presionando firmemente y por todo el campo y la carcasa de colores que iluminó el Calderón en el primer minuto del encuentro con el gol de Torres “El Niño” que pareció convertirse en el padre del equipo colchonero. En la segunda parte, con la expulsión de Gabi y el conformismo rojiblanco, exhausto y convencido de que todo estaba resuelto, el fútbol se convirtió en una paz no firmada, pero que salvo la expulsión por doble amonestación de Mario Suárez no pasó nada más sorprendente.

Fernando Torres le marcó dos goles al Madrid antes de que se aposentara en el campo. Anoche hizo lo mismo frente al Barça. Se iluminó el Calderón con la explosión de Torres, pero se apagaron las luces con el empate de Neymar. Entró en juego la tripleta eléctrica barcelonista y el balón, conducido por Messi y Suárez, acabó con el remate del brasileño y ello puso más difícil la eliminatoria para los rojiblancos. Después, se perdió el control del juego. El Barça no poseyó la pelota como acostumbraba y hubo minutos de futbvoley. Las emociones, pese a ello, se sucedieron. Lo sorprendente fue que el Barça ganó la eliminatoria al margen de su estilo, ciscándose en sus raíces.

Gil Manzano, otro árbitro joven internacional, pitó un penalti que no lo fue y Raúl García batió a Ter Stegen. El juego fue siempre de ida y vuelta, con poco raseo de la pelota, todos a la contra y en una de ellas Miranda marcó en propia meta. Siguió el mismo sistema. Ninguno de los dos equipos puso calma. El Atlético no renunció a su presión. El Barça, contra ella, era incapaz de jugar como sabe. Pero en el minuto 41, una contra permitió el pase mortal de Alba a Neymar y el Barça se apuntó a la sentencia de la eliminatoria. Este contragolpe nació de un penalti que hizo Alba con el brazo izquierdo, despegado del cuerpo y dándose la vuelta ante el remate colchonero. La contra fue perversa. De nuevo la rapidez, con el propio Alba corriendo cien metros como Usain Bolt, sirvió para que de nuevo se diera una solución producto de la confusión general.

Después hubo bien poco. El Barça se apunta a nueva final copera de la que ya es rey al haber superado al Athletic Club.