Reglamentos fallidos

Con razón, el Conde de Romanones reclamaba para sí la redacción de los reglamentos de las leyes. En el fútbol no hay manera de que existan normas que puedan ser aplicadas sin que haya diferencias producto de los criterios de los comités. Hay hechos tan perversos que permiten que una infracción, que no ha sido denunciada por el árbitro no merece castigo aunque sea de conocimiento general. Acaba de suceder en el caso de Cristiano quien, en Córdoba, cometió tres agresiones en la misma jugada, una de patada y dos de mandoble. Lo vio España entera, pero el árbitro, el canario Hernández Hernández, nuevo internacional, no vio más que una de las acciones. Sin su calificación, el Comité de Competición no ha entrado de oficio y con ello lo que se pretendía desde algunos medios, y en la Casa Blanca, se ha sancionado con dos partidos y por ello podrá participar en el derbi frente al Atlético de Madrid.

Es auténtica incongruencia que para que se produzca un juicio se precise como dogma de fe el acta arbitral. Lo que vio medio mundo, en este caso o en otros, si no lo percibe el árbitro y lo manifiesta en su escrito tras el partido, es como si no hubiera existido y por lo tanto, no es susceptible de castigo.

Ocurre en el juego y va a suceder en lo que se refiere a las sanciones a los clubes por los gritos en las gradas. No ha quedado claro, no ha habido reglamento que lo especifique, que palabras, salvo las de claro entendimiento como las relativas a la xenofobia, han de merecer sanción. Pero en este caso la cuestión va a ir más allá de lo estrictamente racional. La Federación Española y la Liga de Fútbol Profesional, dos estamentos enfrentados, aportan en cada partido un inspector que ha de reportar con su criterio lo que se ha visto u oído en los graderíos.
Ya nos hemos topado con apreciaciones discrepantes. El acta del árbitro, que ha dicho que no ha habido nada anormal, se contradice con lo que aportan a Federación y Liga sus representantes. Alguien tendrá que explicar cuál va a ser el criterio a seguir y qué informaciones van a ser tenidas en cuenta. De momento nadie ha dicho cuáles son las que han de merecer crédito. No hemos hecho bien los reglamentos.

Podría suceder que se pretendiera castigar gritos que los tribunales ordinarios de justicia no han condenado y en el fútbol fueran tenidos como agresiones verbales o injurias.