Barça y Atlético, en final anticipada

Barcelona y Atlético de Madrid juegan cuartos de final de Copa en el Camp Nou y en estos casos se suele decir aquello de que es final anticipada. Ambos están en la Liga tras el Madrid, equipo que ha sido eliminado por los colchoneros. La competición copera conviene recordar que, de antiguo, daba el título de Campeón de España aunque tal costumbre se haya perdido.

El Barcelona tiene, de momento, la ventaja de jugar el primer partido en casa para tomar ventaja y, sobre todo, el reciente recuerdo de haber ganado a su adversario en Liga y de manera convincente. Los barcelonistas han vivido sumidos en crisis anímica desde diciembre y ha bastado ganar dos partidos para que se proclame que ha regresado el Barça de los grandes éxitos. En realidad quien ha vuelto ha sido Messi y especialmente, frente al Deportivo en Riazor.

La euforia barcelonista debe ser moderada porque el Atlético, como suele, no dará facilidades defensivas. El conjunto madrileño, después de eliminar al Madrid, se ha crecido y con razón. Está recuperando el buen tono que en la pasada campaña le llevó a ganar la Liga y ser finalista en Liga de Campeones, torneo que perdió por un gol madridista conseguido en los minutos de prolongación y que condujo a la prórroga.

El Atlético es equipo que lucha, que no baja nunca los brazos, que disputa los balones al límite de lo reglamentario y que se convierte en el adversario más incómodo. Ahora, además, goza con la reaparición de Fernando Torres, quien tuvo la osadía de marcarle dos tantos al Madrid en el Bernabéu. Probablemente, Simeone contará con él y con Mandzukic para el contragolpe. Tal vez sería demasiado riesgo alinear también al francés Greizman que está en plena forma y con buen tino frente a la portería contraria.

Para derrotar al Barcelona es fundamental taparle la zona de creación de juego. Para ello hay que nutrir la línea de centrocampistas. Luis Enrique, que ya ha encontrado la alineación ideal, que ha dado libertad de acción a sus tres estrellas atacantes, Messi, Neymar y Suárez, aunque éste todavía anda con el punto de mira desviado, no renunciara en ningún momento al ataque.

Los dos entrenadores se tentarán la ropa antes de cometer veleidades. Ambos equipos se tendrán que vigilar estrechamente en el centro del campo. Al Barcelona no se le puede permitir que maneje el balón y que, encima, lo conduzca con velocidad. En estas condiciones es difícil pararle. Será gran partido y se disputará de poder a poder. Sin restricciones mentales. Si alguno las tuviera se condenaría.

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