En vísperas de Navidad, cuarta copa

El Real Madrid está feliz. El Barcelona, también. El club madrileño, porque ha ganado el Mundialito de Clubes. El catalán, porque dada la trascendencia que los medios madrileños le han dado al triunfo, de consuno, se la han adjudicado al que obtuvo en 2009. En Madrid se vive el año de Carlo Ancelotti tras la conquista de su cuarta copa: Liga, Liga de Campeones, Supercopa de Europa y Mundialito. El Barcelona añora el de Guardiola, que sumo seis conquistas, hecho que no ha logrado nunca ningún entrenador. El Madrid vive la euforia en el presente y el Barça la nostalgia del tiempo pasado.

La FIFA y a UEFA debe meditar sobre la conveniencia de volver a la disputa de la Supercopa como era antes. Es cierto que con la actual fórmula hay más partidos y más transmisiones televisivas, es decir, más dineros. Sucede, como ha ocurrido en Marruecos, que han participado equipos que no pueden aguantar la confrontación con europeos o suramericanos. Lo tradicional y lo realmente emocionante era ver la disputa entre un conjunto europeo y el campeón de la Libertadores.
Esta vez se argüirá que también llegó a la final un suramericano, el San Lorenzo de Almagro y no dio la talla ante el Madrid. En la actualidad, ningún equipo de aquél continente argentino, uruguayo o brasileño puede soportar la pelea con el Madrid que, hoy por hoy, está por encima de casi todos los cubes del mundo. Tal vez en Europa podría ofrecerle lucha el Bayern Múnich al que, sin embargo, el año pasado vapuleó.

El San Lorenzo llegó a la final tras prórroga con un conjunto neozelandés. Contra el Madrid tuvo poco que decir. Sus cuatro mejores jugadores han desaparecido de la plantilla lo que equivale a decir que llegó muy mermado respecto del que fue campeón. Además, su mejor futbolista, Roncagliolo sólo salió en la segunda parte porque no estaba en buena forma física. El fútbol argentino e igualmente el brasileño y uruguayo viven a costa de los traspasos y de ahí que de un año a otro sus plantillas sufran notables pérdidas.

Al Madrid le sobró defensa, media y delantera para batir a San Lorenzo, que en nada se pareció a los míticos “ciclones” que vimos en España en tiempos anteriores. Ramos abrió el marcador de cabeza, como ya acostumbra en los grandes acontecimientos. Bale, que pasa minutos de inadvertida presencia marcó su tanto. En noche pletórica en la que Casillas alzó la única copa que no había ganado aún, Cristiano se fue al vestuario malhumorado por no figurar entre los goleadores. Y al final hasta se permitió no saludar a Michel Platini presidente de la UEFA, contra el que mantiene serias discrepancias por cuestiones de honores que siempre quiere para él.

El Madrid sufrió las de San Amaro con el polémico Morinho. Actualmente, el vestuario vive en concordia. Ancelotti posee más mano izquierda que Curro Romero en sus tardes gloriosas. En el club ya no hay tensiones ni jugadores sancionados. Y cuatro copas seguidas.