A la Copa le sobran partidos

Los partidos de Copa disputados esta semana han venido a confirmar que la pretendida ayuda al fútbol de Segunda y Segunda B no es razón suficiente para que se enfrenten equipos en los que existe tanta diferencia deportiva y económicamente. La Copa tradicional, la de las grandes emociones, se jugaba en años que, como máximo, había dieciséis equipos en Primera. Se disputaba tras la Liga y la gran fiesta anual era la final, que desplazaba a miles de seguidores.

Con la participación de equipos de las divisiones inferiores el torneo se eterniza porque realmente se comienza a conocer cuando intervienen los grandes. A éstos se le vuelven los dedos huéspedes porque lo normal es ganar el pase sin apenas esfuerzo. Y como se ha visto estos días, con demasiados claros en los graderíos.

La Copa tal y como se juega ahora se ha demostrado que interesa poco. La mayoría de los equipos de Primera, y hasta algunos de Segunda con aspiraciones ligueras, componen las alineaciones coperas con los suplentes y hasta con futbolistas de sus propias divisiones inferiores. Desde este punto de vista, tal vez exista la defensa de que sirve para foguear a jugadores que disfrutan de pocas oportunidades.

Para que los equipos de Primera pongan en juego algo más que la comprobación de que cuentan con banquillo tal vez habría que volver a las eliminatorias a partido único. El campeonato se resolvería con más prontitud e incluso podría acoplarse, en ocasiones, al final de temporada como colofón de la misma, al igual que sucedía antaño.
Otra cuestión a estudiar es la eliminación del sorteo que se hace ahora y que no produce sorpresa ni emoción alguna en las eliminatorias. Ahora se sabe de antemano cual va a ser el adversario siguiente y los equipos con los que se puede topar durante el recorrido del torneo. La Copa necesita profunda reflexión.