La Federación se llama andana

El Consejo Superior de Deportes y la Liga de Fútbol Profesional se han tomado en serio la política contra la violencia. A ambas entidades les falta la anuencia de la Federación Española de Fútbol, que tal parece que no le incumbe. Ángel María Villar da la impresión de que se llama andana. No ha asistido a ninguna de las dos reuniones a las que han concurrido lo que podríamos llamar las fuerzas vivas del deporte.

El presidente de la Federación debe considerar que su papel principal es el que le liga a FIFA y UEFA y por lo tanto, los compromisos de ambas entidades priman sobre los intereses o problemas españoles. Las reuniones en Suiza y la asistencia al Mundialito de clubes que se disputa en Marruecos le han impedido asistir a la firma de los reglamentos por lo que se han de regir los clubes, aficionados y competiciones.

Cuando se reincorpore a sus funciones no tendrá nada que objetar dado que no ha opinado. La Federación se va a topar con acuerdos que si bien no osará desestimarlos nunca podrá decir que han salido de su caletre.
Tal vez, lo importante de las novedades con que se va a acometer la batalla contra la violencia esté en dos aspectos que hasta ahora no existían. Por un lado, en el Comité de Competición se tenía por costumbre no actuar de oficio. Podían matar a un futbolista o aficionado ante las cámaras de televisión y si no mediaba denuncia en el acta arbitral no intervenía.

Ahora, los problemas se sustanciarán desde más arriba y la creación del informador que actué de testigo de cargo en cada partido ayudará a que se ponga en claro cuánto anómalo suceda en un estadio. Las actas arbitrales dejan de ser el único documento a tener en cuenta. Quizá lo más complicado sea el modo en que el informador impondrá sus autoridad durante el desarrollo de un encuentro. Detener el juego, o suspender el partido, será decisión muy complicada. Han de tener muy claro el deterioro de la situación en las gradas. Los insultos, la xenofobia, el racismo y la intolerancia serán argumentos para la sanción, pero, al tiempo, propios de un juez talentoso. El informador no podrá ser un simple amigo, un recomendado. Deberá ofrecer toda clase de garantías profesionales para ejercer papel tan delicado.