La muerte volvió a enlutar el Manzanares

Lo peor que le podría ocurrir al fútbol español es el crecimiento de lo que en Argentina se llama barras bravas. Esta denominación está por encima de nuestro catálogo de ultras. En España las muertes futbolísticas que se conocen, y por diversos accidentes, son nueve. Desgraciadamente, en los aledaños del Vicente Calderón con la de este domingo son ya dos las víctimas mortales. El aficionado de la Real Sociedad fue el primero en caer.

La furia o la insensatez desatada en los campos o en sus inmediaciones, han causado muertes de muy diversa índole. Dos fallecieron a causa de las bengalas lanzadas en el graderío. Un niño de 13 años murió sentado junto a su padre en el graderío del desaparecido Sarriá. Un árbitro de regional fue víctima del disparo de un policía que presenciaba el partido en el que jugaba un hijo suyo.

Las redes sociales han sido vehículo para retos de los violentos. Ha llegado el momento de que los medios policiales intervengan antes de que los retantes se enfrenten su campo del deshonor. Ya no vale sólo congregar a cantidad de policías para evitar peleas. En España se empezó a tomar medidas hace años y fue y sigue siendo habitual, que en encuentros de alto riesgo los seguidores del equipo visitantes sean conducidos por escuadrones policiales hasta el estadio con el fin de que en el camino no haya peleas como la de este domingo.

Se definen algunas confrontaciones con la calificación de “alto riesgo” y por ello se toman precauciones. No basta. Ni siquiera la colocación de los visitantes en lugares muy controlados del estadio es medida suficiente. Es hasta vergonzoso comprobar como aficionados de un club son conducidos como una manada de peligrosos delincuentes. Pero ello no basta aunque adecuadamente se tomó muy en serio la necesidad de abortar posibles batallas campales. Los medios de comunicación, las agrupaciones de peñas y los propios clubes, tienen la obligación de participar en la pacificación de los graderíos y sus inmediaciones.

Los clubes deben expulsar del club a los violentos y las peñas han de lograr que en su seno no aniden bestias como las que mataron a Aitor Zabaleta Cortázar y han hecho lo mismo con Francisco José Taboada.

En Villarreal y Glasgow existe una peña denominada Celtic Submari. Nació en la primera confrontación europea de ambas clubes. Hoy existe tal camaradería que el club escocés jugó este verano en Villarreal un partido amistoso y benéfico, gratis et amore para seguir sellando la amistad de dos aficiones. El partido proporción 216.000 euros para el programa proyecto “Unidos por la Esperanza” para combatir la infertilidad de los niños con cáncer. Afortunadamente, el Villarreal no estuvo solo. También se unió el presidente del Getafe, Ángel Torres, quien recibió en El Madrigal un regalo de la peña Celtic Submari.

Al visitante hay que recibirle con amabilidad. No es un enemigo. No es adversario al que hay que derrotar. Debe ser un amigo aunque tenga querencia distinta. La lucha debe quedar en un acto deportivo y en el césped.

De lo sucedido en el Vicente Calderón hay que destacar la sensatez y cordura de la gran mayoría de los aficionados que presenciaron el partido. Hicieron callar a los desaforados del Frente Atlético, que ni siquiera en jornada tan dolorosa supieron respetar la muerte del aficionado del Deportivo.