Europa-Usa, enfrentadas en la Ryder Cup

El fútbol en sesión continua como sucede ahora, ofrece la posibilidad de distanciarse de su empacho con el gran torneo mundial de esta semana: la Ryder Cup. Los mejores golfistas del mundo se disputan la supremacía de los continentes tradicionales. Los mejores europeos y estadounidenses luchan por un título que tiene en el mundo muchos más seguidores de lo que podría parecer.

La disputa de este torneo reúne cada dos años a los aficionados de todo el mundo. Tiene millones, naturalmente por televisión, y miles de espectadores alrededor de los hoyos. En Europa la victoria se desea y se considera importante. En Estados Unidos el campeonato se entiende casi como un acto patriótico. Quienes acuden a los campos para ver a su ídolos, en esto también los hay aunque no tengan tanta resonancia como los futbolistas, pongamos por caso, llegan con el sentimiento de comprobar si su golfista consigue el triunfo en las distintas series de partidos.

El golf, que ha sido siempre un deporte elitista y jugado por personas a quienes se ha exigido tanto en lo personal como en lo deportivo, actitudes de fair play, con las transmisiones televisivas ha alcanzado también papel importante en el seguimiento de las cadenas que le conceden horas en sus programas.

Como ocurrió con el tenis, que pasó de los silencios respetuosos y aplausos por los buenos golpes de ambos adversarios, a los gritos de forofos ya cuenta también con entusiastas que, llegado el caso, animan a los jugadores como en las graderías futbolísticas. En el golf se distinguen por sus coros, a veces incluso de mala educación, los estadounidenses. A las manifestaciones exultantes se han unido también los propios jugadores.

Ha comenzado nueva edición de la Ryder y en esta ocasión el espectáculo está en Escocia. Los jugadores acuden a este torneo con la mayor de las presiones. Forman parte del equipo, no juegan individualmente y saben que su victoria o derrota tiene repercusión en el grupo. Triunfadores y vencidos no pueden disimular sus emociones.

En la Ryder hay golfistas que no pueden esconder sus lágrimas. Sorprende que en un juego tan singular los participantes muestren tales gestos. Ganar un partido o un hoyo que puede ser decisivo para el cómputo final les crea grandes presiones y se deshacen de ellas con gritos y aspavientos.

En la pasada edición en Medinah (USA) ganaron los europeos. Se vivió con el espíritu de Seve Ballesteros en cuya memoria jugaron los europeos dirigidos por José María Olázabal, capitán que tuvo como vice a Miguel Ángel Jiménez. Ambos son este año vicecapitanes. El golf español está representado de nuevo por el castellonense Sergio García, veinte años entre los mejores el mundo y tercero actualmente. Europa es favorita.