Europa y Riazor, borran los accidentes

Lo del Real Madrid en Anoeta fue un accidente. Lo del Atlético de Madrid en casa, un descuido. Lo de Riazor, una pasada. Vapulear al Deportivo de manera tan humillante no estaba en los presupuestos. Ganar con gran facilidad goleadora si cuenta entre las posibilidades del equipo. Perder dos partidos de forma tan inesperada debe ser tomado a beneficio de inventario. El Madrid de esta temporada estará más próximo al que goleó en Liga de Campeones y deslumbró en Riazor, que al de las dos adversidades.

La Liga, probablemente, será otra vez cosa de los dos grandes. Hasta que aparezca en el Camp Nou Luis Suárez, la ventaja clara será madridista aunque sea el equipo azulgrana el que lideré la tabla. El Barça quiere presumir de cantera y para ello está poniendo en liza a jugadores como Munir y Samper. Ello puede ser orgullo para quienes valoran la marca de la casa. La cuestión más preocupante es su escasez de goles. El Barça de Messi y Neymar defiende mejor que ataca. Le cuesta marcar goles y ante cualquier equipo sobre el que se presiente superioridad manifiesta se conforma con la vitoria mínima.

No es el caso del Madrid. Ancelotti no ha de pensar en conservar los valores de la casa porque estos nunca se han basado en la filigrana, sino en la fortaleza de ánimo y la capacidad para vencer. Cierto que el Basilea no es adversario de primerísimo orden, pero marcarle cinco dianas no es tarea fácil porque hoy todos los equipos saben defenderse ante adversarios muy superiores.

El Deportivo no es el de años atrás. Además de ganar títulos se codeaba con lo mejor de Europa y muy dignamente. Ahora, es triste remedo de aquellas alineaciones con jugadores como Fran y Valerón. Ya hace varias campañas que se basa en los fichajes de la casa Jorge Mendes y no puede decirse que le vaya sobre ruedas. Frente al Madrid mostró tal inferioridad que no puede presagiarse futuro exultante.

El Madrid marcó ocho tantos porque le sobra capacidad de ataque. En Riazor, Alonso y Di María fueron recuerdos sin carga emocional. Hasta Chicharito, llegado de rebote porque en Inglaterra habida perdido prestancia, se anotó dos tantos. Fue un festival goleador de los que pasan a la historia. Marcar ocho goles fuera de casa significa que apenas importa ya si James se ha acoplado o puede ser efectivo aunque no juegue a su manera habitual. No es extraño que en tarde tan entusiasmante triunfen Cristiano y Bale y el reencontrado Chicharito.

El Madrid, de momento, parece que sólo debe preocupar por la facilidad con que encaja goles. El estilo de juego no importa. Le basta con poseer grandilocuencia en las áreas adversarias. Cómo llega también es de admirar. No precisa jugadas de lenta y estudiada artesanía. Le basta con la contundencia.