¿Racismo en Estados Unidos?

He preferido ponen entre interrogantes el título de esta columna que escribo a propósito de los disturbios en Ferguson (Missouri) tras la muerte de un joven afroamericano a tiros por la policía cuando, según todos los indicios, estaba brazos en alta y desarmado. No es un caso excepcional. Mi respuesta a esa interrogante es que, a pesar de los avances a partir de la legislación de derechos civiles y de voto aprobada por el legislativo de Estados Unidos en 1964 y 65, subsiste un racismo a veces difuso y a veces menos difuso y muy enraizado en sectores de la población de ese país, sobre todo en los antiguos Estados Confederados y esclavistas, los del sur de la línea Mason-Dixon. Jim Crow sigue allí teniendo presencia. Digo “sobre todo” y un “únicamente” porque prácticas racistas y discriminatorias sigue habiendo no sólo ahí. Prácticas en el día a día de cualquier ciudadano que afectan a los afroamericanos (y también a latinos) como son el “stop and frisk” (la policía pide la documentación a un peatón o a un conductor por su perfil racial), seguimiento especial al entrar en una gran superficie y otros ejemplos de lo que se llama “racial profiling”, pura y simple discriminación.

Como sigue habiendo prácticas institucionalizadas en el sector empresarial más graves que abarcan desde el “redlining” (trabas en la concesión de créditos para viviendas en determinadas zonas) hasta diseños urbanísticos que fomentan la segregación pasando por diferencias salariales importantes para trabajos iguales aparte de un trecho de cristal para puestos de mayor responsabilidad. Es cierto que la diferencia en la mediana de ingresos entre blancos y negros ha disminuido pero la diferencia sigue siendo abismal en cuanto a la riqueza, dato muchas veces olvidado. Como lo es que su tasa de paro es el doble de la blanca.

En el ámbito público, la crisis de Ferguson ha puesto de relieve la mínima presencia en el poder municipal y policial de una población muy mayoritariamente de color. No es una excepción, es un hecho también en muchos otros sitios y niveles. Como es que existen trabas para votar en varios Estados del “Sur Profundo”, que el 40 por ciento de la población carcelaria es de color (es un 13 por ciento de la población total) y que más de la mitad de los negros es probable que en algún momento de su vida vayan a prisión. La justicia no es igual para todos. Tampoco allí.

Hace veinte años un respetado profesor de ciencia política, blanco, Andrew Hacker publicó un libro que fué un verdadero aldabonazo. El título: ”Two nations: black and white, separate, hostile, unequal”. Seguramente la situación es hoy mejor que la descrita en ese libro pero lo que es cierto es que la elección de Obama, algo muy importante, no ha dejado paso a esa llamada “América posracial”. Falta mucho todavía.