La FIFA no concede el derecho a la defensa

Luís Suárez tenía antecedentes penales. En Holanda e Inglaterra ya había exhibido las dotes de caninos e incisivos. Era lógico que la FIFA le sancionara. Era de esperar que los dirigentes del fútbol mundial dictaran con prontitud su sentencia sobre el mordisco del uruguayo al italiano Chiellini. De la FIFA, cuando juzga a los demás, siempre se puede aguardar postura justiciera. Respecto de las anomalías de sus interioridades es menos agresiva. Luis Suárez merecía castigo, pero independientemente de la excesiva condena, se ha producido la anomalía de que el acusado no ha podido ser defendido. Se le ha sancionado sin concederle el innegable derecho de la defensa.

La FIFA no ha resuelto todavía si parte de sus miembros participaron en una acción de cohecho, casi colectivo, cuando votaron la concesión del Mundial de 2022, a Qatar. Para esto hay menos prisas. Con Luis Suárez no sólo se le ha aplicado sanción directa, sino que, además, se ha perjudicado a su club, al Liverpool. A un tercero.

El jugador ha sido separado del Mundial y estará apartado durante nueve partidos y, además de la sanción económica, se le veda acceder a todo recinto deportivo durante cuatro meses. Se le ha aplicado un castigo sin precedentes. Se le impide incluso entrenarse a lo que tiene derecho como cualquier ciudadano que desee mantenerse en forma física. Para impedirle que corra, salte o haga ejercicios con el balón habrá que dedicarle un policía que no se separe de su lado. El futbolista puede hacer flexiones y ejercicios de abdominales en el patio de su casa o en el comedor, pero para mantener su musculatura y las pulsaciones de su corazón requiere algo más que un gimnasio privado.

La acción de Luis Suárez, con ser perseguible de oficio, no ha causado más escándalo, no ha ejercido menos influencia nefasta en los niños, pongamos por caso, que otros hechos que se han presenciado durante la disputa de otros mundiales. Por citar dos incidentes que vivimos de cerca por sus protagonistas, no hubo el mismo rigor con el italiano Tossotti que le partió la nariz a Luis Enrique y no digamos del cabezazo de Zidane al italiano Materazzi.

Luis Suárez estaba en las agendas de Madrid y Barcelona. En los últimos días habían avanzado más las gestiones barcelonesas. Con la condena que arrastra, evidentemente, su cotización ha perdido enteros. Para el Liverpool vales menos porque su presencia ya no puede ser muy del agrado de sus seguidores. Parado hasta octubre también ofrece menos rendimiento. El club inglés puede concederle la salida por valor inferior al que se le había adjudicado antes del mordisco. Para el Barcelona existe la posibilidad de poner sobre la mesa de negociación el argumento moral que significa contratar un jugador con historial tan poco plausible. Y con la demora hasta octubre.