Australia, operación de maquillaje

Australia solamente podía servir de maquillaje. Ganar era obligación moral. En primer lugar, para no acabar en último puesto de la clasificación. Además, derrotar a Australia entraba dentro de lo mínimo exigible a un equipo que ha ganado dos Eurocopas y un Mundial.

Para vencer, con alineación nueva, con sistema más libre, sin la obligación de recurrir al tiqui-taca, que últimamente se ha demostrado poco eficaz porque los contrarios saben cómo oponerse, con fútbol tradicional, pero más emocionante, con juego por las bandas, con dos laterales convertidos en extremos, Juanfran y Jordi Alba, era necesario que llegaran los goles. Para rematar a función, para huir de lo habitual, Del Bosque colocó dos delanteros centro tradicionales, Villa y Torres, en lugar del subterfugio del falso nueve que, a veces ha servido, pero que no debe ser fórmula a la que aferrarse para siempre.

Juanfran hizo gran campaña en el Atlético y demostró que podía ser más brillante que Azpilicueta en la llegada del balón por la banda. Jordi Alba recién salido de lesión y con poca actividad a final de temporada, llegó en baja forma física. Contra Australia volvió a ser el lateral veloz capaz de atacar y defender sin pausa y a gran ritmo. La primera ocasión de gol fue suya pero la salvó el guardameta Ryan.

Con juego menos almibarado, con posesión del balón, aunque con mayor velocidad en el desplazamiento del mismo, y buscando en ocasiones el contragolpe rápido, las ocasiones de gol llegaron. En la primera, Iniesta envió la pelota a Juanfran y éste, desde la línea de fondo, centró y Villa marcó su gol 59 como internacional. El segundo fue casi parecido y el tercero llegó en otra jugada creada con pocos pases.

Bastó la velocidad y el empeño de no salir de Brasil con la cabeza gacha, para que la victoria llegara. Los australianos dieron guerra a Holanda y ante España no supieron defender sus posibilidades. La Roja demostró que decir que el juego de toque es innegociable es negar la realidad del fútbol. Cuando un sistema se agota, porque se van difuminando sus protagonistas, hay que buscar soluciones alternativas. Contra Australia se recurrió al uso de las bandas, a la vuelta a las penetraciones de extremos que ahora son los laterales con recorrido, y con ello se ganó con solvencia.

Se podrá decir que, a fin de cuentas, los australianos no son una potencia mundial, pero hoy todos los mundialistas ofrecen resistencia. Ya no vale aquello de Obdulio Varela que para menospreciar a los contrarios decía que eran japoneses. Ahora, sirve lo de Luis Aragonés, que recurría a frases comunes y una de ellas era que el más tonto hace relojes.

España ganó y con ello se salvó de la humillación de ser última del grupo. Pero pudo ser peor.